SIGLO XX. CIEN AÑOS DE INFORTUNIO Y ESPLENDOR
The 20th Century: 100
years of misfortune and splendor
Eliéxer
Urdaneta–Carruyo
Resumen
El siglo XX ha sido uno de los períodos de la Historia más intensos y Convulsivos que le
ha tocado vivir a la humanidad. Siglo de paradojas y de contrastes, se inició con optimismo, fue testigo del apocalipsis de dos guerras mundiales y terminó con un progreso científico inimaginable que nos condujo a una nueva civilización, que aún no podemos intuir. En él ocurrieron grandes acontecimientos que moldearon nuestro tiempo y proyectaron sus resultados hacia un futuro inmediato. Unos fueron providenciales para entender la vida del hombre, combatir las enfermedades y prolongar la vida y otros de innegable importancia social para la humanidad. Unos saberes se fundamentaron en otros. La filosofía se adentró en la matemática, como la ciencia en la filosofía, mientras la política y la economía ejercían tan decisivo influjo en nuestro modo de sentir y de vivir, que la cultura y la sociedad se conmovieron hasta sus cimientos.En esa centuria, se
gestó, además, la mayor revolución tecnológica de todos los tiempos, tan trascendental
como inimaginable, que con el alunizaje pusieron al hombre en el camino hacia
las estrellas y con ella se creó la sociedad de la información, cuyo máximo
símbolo: internet, emergió como un nuevo demiurgo. Sin embargo, ha sido el
siglo XX hasta ahora, con todo su infortunio y esplendor, paradojas y
contrastes, creación y destrucción, el más trascendental de toda la historia y
lega al futuro un horizonte promisor en la búsqueda de un renovado significado
de vida y un anhelo de convivencia pacífica para toda la humanidad.
Palabras clave:
siglo XX, crecimiento demográfico, subdesarrollo, hambre, hábitat,
biodiversidad, investigación médica, experimentos nazis, descubrimientos
científicos
Summary
The 20th century has been
one of the most intense and convulsive periods in the History of humanity. A
century of paradoxes and contrasts, it began with optimism, it witnessed the
apocalypse of two world wars, and finished with unimaginable scientific
progress that gave us a new civilization that we cannot yet grasp. In this
century, significant events happened that shaped our time and projected their
results toward an immediate future. Some of these were providential in
understanding man 's life, fighting against illnesses and prolonging life, and
others were of undeniable social importance for humanity. Some knowledge was
based on the work of others. Philosophy was embedded in mathematics, as was
science in philosophy, while politics and the economy exercised so decisive an
influence in our way of feeling and living that culture and society were
affected to the core. Within that century the biggest technological revolution
of all the time was also created, as transcendent as it was unimaginable, which
put mankind on the road to the stars with the moon landing and in the process
created the information society whose signature symbol, the internet, emerged
as a new demiurge. However, the 20th century, with all its misfortune and
splendor, paradoxes and contrasts, creation and destruction, was the most
transcendent in the whole of history and it bequeaths to the future a promising
horizon in the search for a renovated meaning of life and a yearning for
peaceful coexistence for the whole humanity.
Key words: demographic
growth underdevelopment hunger, habitat, biodiversity, medical research, Nazis
experiments, scientific discovery
Introducción
El siglo XX culminó su
lenta agonía e inexorablemente declinó hacia el ocaso. Ese instante
trascendental en la historia de la humanidad nos permitió acercarnos a la
frontera simbólica entre los siglos, incluso entre los milenios, hasta hacerla
desaparecer en unos segundos. Esta importante coyuntura que significó el inicio
de un nuevo milenio, por el inquieto espíritu de los tiempos modernos, fue
proclamado un año antes sin esperar la llegada del año 2001.
En esos últimos 100 años,
ocurrieron grandes acontecimientos, felices o conmovedores, que moldearon
nuestro tiempo, se relacionaron e interfirieron sin tregua: la política y la
economía, la ciencia y la técnica, las costumbres y las estructuras sociales,
los conceptos de la vida y de la muerte y el influjo universal del arte. Unos
saberes se fundamentaron en otros y proyectaron sus influencias hacia un futuro
inmediato. Por su parte, la política y la economía moderna ejercieron tan
decisivo influjo en nuestro modo de pensar, de sentir y de vivir, que la
cultura y la sociedad se conmovieron hasta sus cimientos, ya que la novedad y
el cambio fueron factores fundamentales que provocaron los desafíos bioéticos
actuales. Unos por su carácter inédito y otros por las nuevas perspectivas que
plantearon.
Nadie debe ignorar, hoy
menos que nunca, el drama que vive el hombre y que pudiese terminar en
tragedia. La época en la que se desenvuelve, atraviesa momentos críticos y
peligrosos porque ocurren cambios profundos y rápidos en su civilización. Por
lo tanto, se hace necesario meditar acerca del hombre.1
Analicemos entonces, a
través de un breve calidoscopio de la época, algunos hechos que incidieron
profundamente en el pensamiento, las costumbres y el estilo de vida que imperó
en el pasado siglo y percibamos a través de su análisis, el torrente de vida,
anhelos y emociones que caracterizaron a la humanidad en esa histórica
centuria.
Crecimiento
demográfico, desigualdad económica y calidad de vida
En el año uno de nuestra
era existía en el mundo 250 millones de seres humanos. Para llegar a esta cifra
habían pasado millones de años desde los albores de la humanidad. Según el
Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP),2 en el año 1804, la
población de la Tierra aumentó a un millardo de habitantes; esta cifra se
duplicó en 1927, se triplicó 33 años después, se cuadruplicó en 1974, se
quintuplicó 14 años más tarde y llegó a seis millardos de habitantes el 12 de
octubre de 1999, número histórico que se alcanzó con un niño nacido en el
Tercer Mundo.
De toda la población
mundial, el continente asiático alberga más de la mitad. Allí están los países
más poblados del globo: China con 1.285 millones y la India con 1.025 millones,
es decir, de cada tres habitantes del planeta, uno es chino o indio. Continúa
luego Estados Unidos con 286 millones, país a los que le siguen Indonesia con
214.8 millones, Brasil con 172.6 millones y Pakistán con 145 millones
respectivamente.2 Por otro lado, en 1950 existían 80 ciudades con más de un
millón de habitantes, cifra que se incrementó a 370 en el año 2000.3,4
Por otra parte, el
aumento demográfico acarrea la necesidad de aumentar la producción de
alimentos, lo que además lleva consigo diversos problemas relacionados con el
uso de prácticas agrícolas deficientes, excesiva erosión del suelo, uso
continuo e intenso de fertilizantes, contaminación de fuentes de agua y
exposición directa de los trabajadores agrícolas a productos químicos
peligrosos.
Para 1999 de acuerdo con
el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 13% de la
población mundial no ingería suficientes calorías, concentrándose la mayoría de
los afectados en países pobres de Asia, África y América Latina.5 Por otra
parte, 20% de los habitantes del planeta vive en países donde se concentra 81 %
del PIB mundial y consume 16 veces más alimentos y con más nutrientes
que el resto de la población, que apenas consume 14% del PIB mundial.7,8
Asociado estrechamente
con el problema de la pobreza extrema –que afecta a cerca de la mitad de la
población mundial– el hambre es un fenómeno terrible y humillante.6 A finales
de la década de los años 90, más de 849 millones de personas estaban
desnutridas, diariamente morían 40.000 niños por desnutrición y enfermedades
prevenibles y cada año morían cinco millones de niños y tantos otros quedaban
impedidos a causa de enfermedades que podrían evitarse con inmunizaciones.6 9
En la actualidad se estima que el costo de vacunar a un niño contra seis de las
enfermedades infantiles más comunes es de tres dólares.8 Paradójicamente,
tratarlo si padece poliomielitis, difteria o tétanos, es sumamente oneroso para
cualquier país.
La geografía del hambre a
nivel mundial es bien conocida.10,12 En 1973, la mortalidad debida a ella,
afectó a 200,000 personas en Etiopía;12 un año después, a casi un millón en
Bangladesh;13 en 1985, a más de medio millón en Etiopía y Sudán7 y en 1992, a
un millón y medio en Somalia,7 mientras en el mundo existían alimentos en
cantidad más que suficiente para mantener con vida a todos sus habitantes.
En Latinoamérica, el
panorama también es similar.14,15 Una quinta parte de la población (350
millones de habitantes) trabaja la tierra con métodos agrícolas de escasa
productividad y viven en situaciones económicas precarias porque el consumo
promedio de calorías y proteínas son inferiores a los mínimos adecuados.16,17
En 1978, la Comisión Brandt
de las Naciones Unidas,18 destacó en su informe, que los gastos militares de
sólo medio día, serían suficientes para financiar todo el programa de la
Organización Mundial de la Salud para erradicar el paludismo de la faz de la
tierra y que se necesitaría aún menos para vencer la oncocercosis o ceguera de
los ríos que todavía enferma a millones de personas en el Tercer Mundo. El
mismo informe reveló,18 que con el costo de un reactor de combate se podrían
establecer 40 000 farmacias rurales y que, con la mitad del uno por ciento de
los gastos militares mundiales de un año, se podría pagar todo el equipo
necesario para ayudar a países, escasos en alimentos, a aumentar la producción
agrícola y aproximarse a la autosuficiencia.
El abismo entre países
ricos y países pobres, lejos de reducirse se ha agrandado cada vez más. 16
En 70 países con más de 1.000 millones de personas el ingreso es hoy más bajo
que hace 25 años.6 Como consecuencia de ello, en los países más pobres y entre
la población pobre de diversos países ricos, el ingreso anual medio ha
aumentado escasamente un dólar per cápita y los beneficios económicos recibidos
han sido muy pocos. 6 Las cuartas quintas partes de sus ingresos se
gastan en alimentos y existe uno de cada dos individuos con signos de grave
desnutrición, el abastecimiento de agua no es seguro ni higiénico, la esperanza
de vida continúa por debajo de los 50 años, el índice de alfabetización es 60%
menos que los países industrializados y la mortalidad infantil, ocho veces
mayor que en esos países, sobrepasa las 150 defunciones por cada mil nacidos
vivos. 8
La alimentación junto con
otros factores sociales y culturales determina en gran parte las diferencias
físicas y la capacidad intelectual de las personas.19,20 En África, 17 millones
de niños sufren de hambre y en países como Ghana y Sudan, más de 40% de los
niños menores de cinco años presentan síntomas de desnutrición.19 Esta
tendencia podría convertirse en desastrosa para los países afectados que
dependerán en el futuro de una generación de relevo con deficiencias cerebrales
ocasionadas por la desnutrición. 20
En 1998 existían 800
millones de desnutridos en el mundo y cada siete segundos moría un niño por
males asociados a la desnutrición, 7 algo inconcebible en un mundo con
recursos naturales y tecnológicos suficientes, para poder alimentar
adecuadamente dos veces más el número de la población actual.
En el año 2000, el Banco
Mundial estimó que 2800 millones de personas vivían con menos de un dólar al
día, de los cuales 15% se encontraba en América Latina y el Caribe, mientras
que 50 % de la población de la Tierra se encontraba por debajo de la línea de
pobreza.21 Más de 1300 millones de personas no podían satisfacer sus
necesidades básicas de consumo, 1200 millones de personas carecían de agua
potable lo cual provocaba 3350 millones de casos anuales de enfermedades (80%
de las enfermedades en los países pobres están relacionadas con la calidad del
agua) y cada año, morían por su escasez, más de 5 millones de niños (uno cada
ocho segundos) y más de 3 millones de adultos.21 Más de 300 millones de estos
pobres absolutos, son niños cuyas madres, nunca recibieron ninguna atención
durante el embarazo; sus nacimientos, no fueron asistidos por personal
capacitado; jamás se alimentarán adecuadamente, para el crecimiento de su mente
y de su cuerpo y nunca serán vacunados contra enfermedades infantiles
prevenibles, hechos que los condenan irremediablemente a tener baja expectativa
de vida.5,7 Es decir, estas generaciones de niños se perderán para siempre,
porque sus necesidades básicas nunca serán satisfechas y por lo tanto jamás
tendrán una segunda oportunidad sobre la Tierra. 22
Subdesarrollo,
vida urbana e identidad cultural
En el año 2000, cerca de
la mitad de la población mundial habitaba en ciudades, sobre todo de países en
desarrollo, en las que vivían 1900 millones de personas.4,23 Para entonces, la
ciudad de Tokio era la más populosa del mundo con 26.4 millones de habitantes y
París, la única gran metrópolis europea.2 En América, existían dos ciudades
gigantescas en los Estados Unidos (New York y Los Ángeles con 16.6 y 13.1
millones respectivamente) y cuatro en Latinoamérica (Ciudad de México con 18.1;
São Paulo con 17.8; Buenos Aires con 12.6 y Río de Janeiro con 10.6 millones
respectivamente), entre las 15 ciudades más grandes del mundo.3 En 1960, sólo
cuatro de esas ciudades estaban en el Sur; para el 2015 sólo tres estarán
ubicadas en el Norte.4
La ciudad, que debería
ser el lugar destinado a la liberación humana, se ha convertido hoy en otro
ambiente distinto porque las innumerables industrias la invaden de humo y basura,
destrozan sus contornos, la convierten en un caos intransitable y la
transforman en un escenario hostil, 23 alejándola progresiva e
irremediablemente de la naturaleza y por ende del hombre mismo.
Por otra parte, la
cultura se ha dividido clásicamente en dos grandes campos: urbano y rural, como
manifestaciones de dos modos de vida, de dos situaciones físicas. 24
Aspectos diferentes, como los conceptos de tiempo y espacio varían según la
percepción de una persona del campo y otra de la ciudad; el modo de entender su
propio contexto, los conceptos del yo y del otro; el tipo de relaciones
sociales y los códigos de valores son distintos según las perspectivas del
campesino o la del citadino. Así, dentro de estos dos contextos se encuentra el
tipo de cultura correspondiente a cada realidad específica.
La pobreza puede
entenderse muy bien en las sociedades modernas como una manera de ser o
situación social generada más por el despilfarro que por la escasez y por una
gran diferenciación de clases sociales que determina la desigual distribución
de la riqueza y los recursos. 25 ahora bien, si el concepto de pobreza,
es carencia de algo necesario, la definición de miseria supone los grados más
extremos de ella y se considera que allí se llega cuando las personas no tienen
lo mínimo necesario para satisfacer sus más apremiantes necesidades. A finales
del siglo XX, existían en el mundo 1000 millones de personas que carecen
totalmente de refugio.6 En la India, se cuenta por decenas de miles el número
de personas que viven y mueren en las calles de las ciudades. En ese inmenso
país, la miseria pierde su significación, porque allí es una forma de vida.6
Por tanto, si valoramos a la pobreza en función de necesidad, la gran mayoría
de los habitantes de las ciudades modernas se están aproximando a ella.
En 1998, según la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO),7
204 millones de personas vivían en pobreza en América Latina, 78 millones de
ellas en zonas rurales. Cada año ocurre migración masiva del campo hacia la
ciudad con la acumulación excesiva de habitantes en ellas, lo que explica los
cinturones de miseria esparcidos alrededor de las grandes ciudades. 24 Por otra
parte, muchos campesinos abandonan el campo atraídos por las eventuales oportunidades
de empleo y mayor independencia económica que propicia la vida urbana, 23 sin
embargo, por este hecho ocurre más desarrollo urbano que industrialización,
creándose así para ellos una nueva forma de miseria.
La pobreza en el campo se
proyecta hacia un aprovechamiento de los recursos agrícolas hacia la formación
de sistemas de cooperación social. 25 También le es propio al pobre rural,
aislarse en su miseria; pero en la ciudad esto no es posible debido a que la
pobreza, en ella significa además de carencia, 26 contradicción con una
sociedad rica, 27 con la que se coexiste en el mismo espacio físico. La vida en
el submundo de la pobreza urbana tiene que ser violento y los pobres tienen que
adoptar sistemas de vida y de defensa dentro de esa sociedad que no los acoge
ni siquiera en las posiciones más bajas de sus estratos. Así, las personas
transformadas por las circunstancias económicas y sociales que les rodean, en
individuos marginales 27,28es a quienes les esperan al final de su éxodo, 29 la
desocupación, la frustración y una vida de infortunios, sumida en barrios, que
como cinturones de miseria proliferan en las grandes ciudades.
Hábitat y
biodiversidad: fuente de toda vida
Cuando apareció el hombre
sobre la tierra, recolectaban trozos de vegetales y satisfacían así sus escasas
demandas de energía, las cuales básicamente era la producción de calor mediante
el fuego para combatir el frío y cocinar la carne cruda proveniente de la caza.
Pasaron los siglos y el
esquema de producción de energía se mantuvo sin variantes hasta el comienzo de
la civilización moderna, en la que aumentó la demanda de energía, de manera
lenta y progresiva hasta alcanzar su máximo apogeo en el siglo XIX con el
inicio de la Revolución Industrial.
El carbón representó para
el siglo XIX, lo que el petróleo para el XX y con este último, cambió
radicalmente la obtención de energía y la faz del mundo industrializado,30
convirtiéndose la sociedad moderna, en una sociedad de extremo despilfarro: de
espacio físico, debido a urbanización desordenada; de materias primas, debido a
industrialización igualmente desorganizada y de la naturaleza, debido a la
indiferencia total y absoluta, hacia nuestro entorno natural.31,32
La degradación del
ambiente fue uno de los fenómenos característicos del siglo XX.30,33 El avance
acelerado de la sociedad urbano industrial provocó daños diversos y directos,
sobre el ambiente como: la contaminación del aire, de aguas y suelo, la
destrucción de bosques, la desertificación, la extinción de especies, el efecto
invernadero, la destrucción de la capa de ozono y la formación de lluvia ácida,
todo lo que originó como consecuencia, efectos nocivos para la salud humana.5
En los países en desarrollo, los problemas derivados de ella, fueron desde
infecciones gastrointestinales agudas y enfermedades parasitarias crónicas,
hasta exposición directa a peligrosos agentes contaminantes.
En Japón, en la década
del cincuenta, muchos pescadores fueron víctimas de la enfermedad de
Chisso–Minamata, como consecuencias de consumir pescado contaminado con
residuos de dimetil–mercurios vertidos en aguas residuales, por la compañía
Chisso.32Mientras que, en las costas francesas, se prohibía consumir productos
del mar, por los peligros que representaban y en la Bahía de Nápoles, los
mejillones propagaban el cólera.33 En 1965, otro suceso, ocurrido también en
Japón, conmocionó al mundo. Esta vez se descubrió que el arroz que consumían
los campesinos provenientes del río Agana, contenía 0.1 ppm de mercurio; hecho
éste que se ha observado a partir de entonces en otras regiones.33
Con respecto al mar, lo
hemos visto siempre como algo infinito, quizás así también lo percibieron
nuestros ancestros primitivos, hace un millón de años y desde entonces lo
aceptamos como un obsequio mágico, como si no hubiese tenido principio, ni
pudiese tener fin.34 Sin embargo, el mar siempre ha sido un vertedero
natural.35 Pero si durante milenios, los ciclos biológicos aseguraron en gran
medida la absorción de los desperdicios y la repurificación de las aguas, hoy
en cambio, observamos un desequilibrio del medio marino que tiende a acentuarse
cada vez más, debido a complejos factores químicos, físicos y biológicos.36,37
La Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos calcula que en el mundo
entero, se vierten al mar anualmente cerca de 15 millones de toneladas de
basura que ponen en peligro de extinción, todas las formas de vida.38 Como
consecuencia de este proceso en pleno auge, se puede observar en diferentes
regiones del mundo, el exterminio de la fauna marina y terrestre;30,33 en
muchos casos los animales sufren una lenta y terrible agonía antes de morir.
En fin, si continuamos
envenenando la fauna marina, en la forma en que actualmente lo hacemos,37 nos
privaremos de una fuente extraordinaria de alimentos,33 en un momento tan
dramático en la historia del hombre, en el que se nos plantea según las
Naciones Unidas,7 el reto para los próximos treinta años, de la nutrición de
3000 millones de individuos más. Ojalá, algún día, no demasiado tarde, pero a
un costo fabuloso, el hombre comprenda la magnitud de este hecho34 y comiencen
a ser tratados con el debido respeto y consideración, todos los mares y océanos
enfermos de la tierra, tan enfermos como la cultura que los contaminó.
La civilización moderna
se ha convertido en una productora impresionante de basura.39 En la actualidad,
cada habitante de los países industrializados elimina anualmente 11 toneladas
de desechos, cuya destrucción es prácticamente imposible.40,41 Con razón, la
civilización occidental ha sido catalogada como la civilización del
desperdicio.24
Otro problema ecológico
vigente, es el debido a los desechos tóxicos resultantes del desarrollo
industrial,40,42 que lleva implícito consecuencias graves para la salud de los
trabajadores. Los dedicados a la agricultura están expuestos a la acción
directa de los plaguicidas mientras que los industriales expuestos a
enfermedades incapacitantes derivadas del contacto con numerosos tóxicos.41,43
En 1984, ocurrió en Bhopal, (India), la tragedia de mayor magnitud mundial de
víctimas por tóxicos ambientales en toda la historia.44 El número de víctimas
fatales se estimó según fuentes oficiales o no, entre 3000 y 16000 personas,
mientras que el número de afectados osciló entre 200000 y 600000 personas, con
secuelas aún no bien estudiadas. Posteriormente, En 1986 ocurrió el mayor
accidente nuclear conocido en su tipo en la ciudad de Chernobyl, antigua Unión
Soviética.45 Década y media después, la evaluación de víctimas totales
ascendían a 20000 personas muertas o con pronóstico fatal, debido a las
afecciones contraídas por la radiación y más de 300000 enfermos con distintos
tipos de cáncer.
Los desastres ecológicos
no son un invento reciente pues han acompañado casi de forma constante a muchas
actividades humanas. La gran diferencia radica en que el poder que hoy tiene el
hombre sobre la naturaleza supera en proporciones gigantescas al que poseía con
anterioridad. Y este poder ha hecho posible que sus intervenciones en la
naturaleza provoquen ahora grandes desequilibrios ambientales con graves
repercusiones para la salud.
La contaminación de aire,
agua y tierra, ejerce influjo negativo sobre toda la fauna y flora, que termina
repercutiendo sobre el hombre mismo.40 En varias ciudades, la contaminación
representa en la actualidad, el mayor problema de salud pública.41 Las cenizas,
el polvo y el dióxido provocan en la población, problemas respiratorios
crónicos, además de acelerar las enfermedades cardiacas.
En la vida diaria, se
utilizan más de 60000 sustancias químicas y cada año salen a los mercados
internacionales entre 200 y 1000 nuevos compuestos, sólo se han establecido
normas para su uso en menos de 200 productos y se desconocen los efectos que la
inmensa mayoría de ellos producirían en el hombre y en los animales.5 Muchos ecosistemas
están gravemente amenazados, especies insustituibles de flora y fauna están
siendo desalojadas y destruidas a una velocidad sin precedentes al igual que
sus sistemas naturales.46 Actualmente se encuentran en peligro de extinción más
de 280 especies de mamíferos, 350 de aves y por lo menos 20000 de árboles,
hierbas y arbustos.47
Durante toda la historia,
el hombre ha vivido con la idea de que la naturaleza era un bien inagotable,
gratuito y eterno. Hoy, desafortunadamente hemos descubierto que es un bien
limitado,48 temporal,49destruible50y cada vez más difícil y costoso de
proteger,51 con el riesgo implícito de desaparecer47,52 llevándose consigo la
extinción de la especie humana.
Todos estamos llamados a
convertir a nuestro mundo en un lugar más acogedor y agradable del que gozaron
nuestros ancestros, por lo que de ahora en adelante, debemos adoptar una
posición firme y crítica respecto a lo aprendido del pasado,52 si deseamos
superar el agotamiento de la naturaleza y redimensionar todo lo que hasta ahora
se nos ha enseñado como fundamental: el culto hacia el progreso científico y
técnico,53 la creencia en las ventajas de la urbanización desmedida y el fervor
casi fanático por el progreso industrial54 y luchar, por un compromiso bioético
de supervivencia ecológicamente sostenible, por restaurar a la tierra como el
único ambiente humano que hasta ahora hemos tenido.
Como dos caras de Jano: La guerra y la paz
El bienestar de la
humanidad es un componente esencial en la lucha universal del hombre para
alcanzar el desarrollo, la paz y la justicia. Conceptos éstos, que, para muchos
millones de seres humanos esparcidos por el mundo, aún hoy representan un sueño
irrealizable.
Desde el año 1600 hasta
ahora han ocurrido 590 guerras en las que se perdieron 142000.000 vidas humanas
y exclusivamente en el siglo XX se registraron cuatro veces más muertes que en
los 400 años anteriores, porque las guerras son ahora espectacularmente más
mortíferas y devastadoras.55 En cuanto a la geografía bélica, la relación
histórica señala con gran diferencia a Europa como principal escenario de los
conflictos armados, con sus dos grandes guerras y dos tercios del total de
muertos desde aquella fecha.56 Los conflictos armados del siglo XX originaron
15 millones de defunciones. En contraste con ello, La I y II Guerra Mundial
ocasionaron directa e indirectamente, 25 y 100 millones de muertos
respectivamente.57
La I Guerra Mundial dejó
un triste recuerdo en la mente de los hombres de entonces, de trincheras
inmundas de barro y ratas por doquier en la que tropas enardecidas, eran
lanzadas ferozmente al asalto de posiciones enemigas inexpugnables, que dejaron
en los frentes de batalla, millares de muertos y heridos.57 Durante esa guerra
los alemanes utilizaron gases mortíferos a partir de insecticidas fosforados
que habían utilizado experimentalmente antes de 1912. Eran los nerves–gases que
paralizaban el sistema nervioso vegetativo y que constituyen aún hoy una de las
más graves amenazas que se ciernen sobre la humanidad.58 Los gases causaron más
de 100 000 víctimas durante aquel conflicto y el número de afectados se elevó a
un millón. La humanidad jamás se recuperó de aquel horror, debido a la terrible
manera como ocurrió.57 La Gran Guerra, como también se le conoció,58 dejó a su
paso un balance de víctimas superior a los seis millones y un continente cegado
por la pobreza, la amargura y el desengaño.
Poco tiempo duró el
interludio de paz en Europa, hasta que en 1939 estalló la II Guerra Mundial.
Esta nueva guerra se caracterizó por el odio que los nazis sentían hacia los
judíos y que desembocó en fanática política de exterminio, que por sus
proporciones y barbarie carecen de paralelos históricos.58,59 Bárbaros con
disfraz de científicos inventaron la teoría de las razas con la cual
fundamentaban la supremacía de la raza aria.59,60 Esta teoría justificaba el
exterminio de razas inferiores como la judía y la esclava. Los nazis exigieron
el aniquilamiento físico de pueblos enteros y educaron a la juventud alemana en
el espíritu del asesinato en masa.59–61
En nombre de la ciencia,
millones de seres humanos indefensos fueron violados, enceguecidos, congelados
y torturados hasta la muerte.62–64 En Polonia, en los campos de concentración
tristemente célebres como los de Chelmo, Belzec, Treblinka y Auschwitz, se
observaba a diario la humillación aberrante de la dignidad humana por parte de
los crueles nazis.57,62–64 Muchos hímenes consistieron en el asesinato en masa de
personas ancianas o con avanzada desnutrición;65 millares de judíos, de origen
ruso o polaco, fueron terriblemente asesinados exponiéndolos a la acción de los
vapores de cianuro de potasio o aplicándoles en las venas drogas de probada
capacidad letal.59–62 Muchos morían de hambre, sed o asfixia en los vagones
sellados que los llevaba a su triste destino; viejos, mujeres y niños fueron
tratados con idéntica barbarie, sometidos muchas veces a la extrema humillación
de la desnudez.60,65 Los prisioneros tenían que presenciar las arbitrarias
ejecuciones y tomar conciencia que también a ellos les llegaría en cualquier
momento, el mismo destino.60,65,66 Así al sadismo moral se le agregaba el
sadismo físico.59,64 Pesadilla conmovedora y dramática descrita para la
posteridad por los pocos sobrevivientes.
También, en los campos de
concentración, se practicaba la eutanasia a enfermos mentales y débiles y se
perfeccionaron los métodos de exterminio en masa.67,68 El ácido prúsico o
Ciclón B, sustituyó al monóxido de carbono de los motores Diesel, en las
grandes cámaras de gases, disfrazadas de confortables áreas de baño, con
capacidad cada una, para albergar más de 2000 personas.65 La monstruosa
mentalidad de los nazis, halló natural el uso de prisioneros de guerra para
"investigaciones científicas".62–64 Muchos murieron como consecuencia
de los experimentos médicos practicados. Exposición a explosivos de alta
potencia, compresión y descompresión brusca, congelación, exposición a energía
radiante, contaminación con gérmenes muy virulentos y cualquier otro tipo de
experimento inimaginable que han quedado grabados en los recuerdos de los
sobrevivientes de aquel horror.62,69–73
Eminentes científicos
como Sigmund Schilling, que tanta experiencia había aportado con el estudio de
la circulación sanguínea60,62 o personajes aberrantes como Joseph Mengele,74,75
conocido como "el ángel de la muerte", – el cual sentía un exquisito
goce extrayéndole los ojos a los niños – y tantos otros médicos, expresaban
diariamente su júbilo o frustración, de acuerdo al resultado obtenido con sus
experimentos y torturas.61,67–69 Sólo en Austria, entre 1940 y 1945, 789 niños
minusválidos, mental y físicamente fueron asesinados en el hospital Am Spiegelg
ru nd por llevar una vida sin sentido67–69 y sus cerebros –conservados en
formol– fueron utilizados en investigaciones neurológicas, hasta hace poco
tiempo.
A comienzos de 1945, la
"solución final" terminaba y había muerto de la manera más absurda 6
millones de judíos.67 Hasta entonces, la humanidad no había tenido conocimiento
alguno, que en nombre del progreso y de la ciencia y bajo el pretexto de la
investigación médica se hubiesen realizado en los campos de exterminio nazis,
semejantes actos de barbarie y repugnante subhumanidad bajo el despotismo y
cruel poderío del país más civilizado de la tierra para la época.59,60
La II Guerra Mundial duró
casi seis años y participaron 56 naciones, costó la vida a más de 100 millones
de personas57 y representa como símbolo, la herida más profunda e incurable que
se le haya inferido jamás al género humano en el curso de la historia y ojalá
nunca vuelva a repetirse.
Las nuevas armas que
aparecieron en la Primera Guerra Mundial se perfeccionaron en la Segunda y la
estrategia adquirió grados de suma eficacia. El 6 de agosto de 1945, la bomba
atómica sobre Hiroshima cambió profundamente la concepción del mundo,57,58
ensombreció la paz de los años siguientes y trajo consigo nuevos temores. Con
ella nació la era nuclear y el hombre se dotó por vez primera, de armas con poder
apocalíptico, capaz de arrasar la humanidad entera.
Para el período
1945–1985, la carrera armamentista se había expandido por todo el mundo, como
jamás se había sospechado. El número de armas nucleares rápidamente pasó de 3 a
50 000, con un poder destructivo equivalente a un millón de bombas atómicas
como la lanzada en Hiroshima, carga mortífera más que suficiente para destruir
el mundo, como planeta habitable.76 Hasta 1988, se habían gastado dos trillones
de dólares en construir estas armas, sólo el costo de un submarino nuclear
equivalía al presupuesto anual de educación para 160 millones de niños en edad
escolar en 23 países del Tercer Mundo. Cada minuto de ese año, 30 niños morían
por falta de alimentos y vacunas baratas, mientras que, en ese minuto, el
presupuesto militar del mundo consumía $1.3 millones, de fondos públicos.76
En 1978, la Comisión
Brandt de las Naciones Unidas18 estimó que los gastos militares de sólo medio
día, eran suficientes para financiar todo el programa de la Organización Mundial
de la Salud para erradicar el paludismo de la faz de la tierra y se necesitaba aún
menos para vencer la Oncocercosis o ceguera de los ríos que aún hoy castiga a
millones de seres del Tercer Mundo. Para entonces, con el precio de costo de un
reactor de combate se podían establecer 40 000 farmacias rurales y con la mitad
de 1% de los gastos militares mundiales de un año, se podía pagar todo el
equipo necesario para ayudar a los países escasos de alimentos, a aumentar la
producción agrícola y aproximarse a la autosuficiencia.
Ahora bien, para terminar
con el hambre en el mundo, los países desarrollados ofrecen 50 mil millones de
dólares en los próximos 4 ó 5 años, mientras cada día, sólo Estados Unidos
gasta mas de 1000 millones de dólares, en la carrera armamentista y en su
industria militar.77 Por lo tanto, los recursos humanos y materiales consumidos
en la absurda carrera armamentista actual representan un desperdicio
económico,76 un peligro ecológico,77 un riesgo político,78 un desafío bioético
y una afrenta moral. Por lo que necesitamos una nueva forma de pensar, si
aspiramos a que la humanidad sobreviva79 y acceda a formas más elevadas de
progreso. De ahora en adelante estará en juego el futuro de la humanidad.
Del temor a la
esperanza: un horizonte prometedor
El siglo XX ha sido el
periodo de la Historia más intenso y convulsivo que le ha tocado vivir a la
humanidad. Comenzó en un tiempo de catástrofes, experimentó su edad de oro
después de 1945 y acabó en un derrumbamiento ideológico en el cual acontecieron
profundos acontecimientos políticos y transformaciones sociales.80 Su primera
mitad estuvo dominada por los avances de la física; la segunda mitad, lo fue
por la biología, que abrió – a través de la biología molecular y de la
ingeniería genética– nuevos caminos, que cambiaron a la ciencia para siempre y
que nos llevaron a percibir al mundo de la vida como una especie de mecano; a
entender además, de un modo distinto, el significado de la evolución y a
develar el misterio de la reproducción, considerado el fenómeno más
sorprendente de cuantos ocurren en nuestro mundo.81 Se profundizaron los
avances de la ciencia, hasta límites insospechados. La informática avanzó de
manera asombrosa las nuevas tecnologías aplicadas en el campo de la medicina,
ayudaron a ampliar la vida humana,80 aparecieron robots con características
similares a las nuestras y se impusieron nuevas concepciones sobre la
existencia y la evolución, que nos permitieron reflexionar desde entonces,
sobre el futuro de la ciencia y sobre el destino del hombre.81
Grandes guerras y
revoluciones fueron protagonistas del momento, pero también ha sido el siglo de
los avances tecnológicos sin parangón, que pusieron al hombre en el camino
hacia las estrellas. La ciencia en todo su esplendor, le permitió al hombre
percatarse que la visión que antes tenía de su mundo era muy distinta de la que
actualmente tiene. Hoy reconoce que la Tierra no es el centro del universo y
tampoco, el hombre el centro de la Tierra.82 Ahora todo lo vemos diferente. El
espacio y el tiempo, no son perceptibles como creíamos. Vivimos en un punto
infinitesimalmente pequeño del universo y es probable que existan millones de
puntos parecidos al nuestro, en otros millones de galaxias esparcidas por el
cosmos.
Ahora bien, El siglo XX ha
sido hasta ahora, el siglo más trascendental en la historia del hombre. En él
ocurrieron notables acontecimientos y descubrimientos jamás sospechados en
todos los campos del saber humano. Sólo en las últimas décadas, los avances en
el campo de la ciencia y tecnología y más en concreto en la investigación
biomédica fueron espectaculares. El progreso de la medicina se mantuvo
constante y nos conduce inexorablemente a un futuro de alta tecnología.83 El
ansia de progreso alentó innumerables investigaciones en todos los campos del
saber, sin que el hombre como es lógico, se diese nunca por satisfecho con lo
obtenido hasta ahora. En la actualidad posee en sus manos, un poder
impresionante para intervenir en todos los procesos de la vida, desde su misma
gestación en el laboratorio hasta el prolongamiento artificial de su
existencia. Y aunque hasta ahora, aquél no haya podido vencer los procesos
naturales que terminan imponiendo a la muerte como ineludible, la técnica le
hizo posible suplir múltiples defectos y carencias, para dar origen, mantener y
prolongar lo que no hubiese podido existir en otras épocas o lo que
irremediablemente estaría condenado a perecer.
De los descubrimientos
más destacados de la centuria, unos fueron providenciales para entender la vida
del hombre y combatir las enfermedades,57 tales como: el descubrimiento de la
penicilina, la clave del código genético, las manifestaciones del subconsciente
y el análisis del genoma humano. Otros, de innegable importancia para la
humanidad58 como las teorías de la relatividad del tiempo y del big–bang del
universo, la fisión nuclear y la mecánica cuántica.
En este siglo, se
originaron acontecimientos notables. Algunos, funestos y de triste recuerdo57
como las dos guerras mundiales, el Holocausto judío, la bomba atómica, la
talidomida, la "primavera silenciosa" de la contaminación ambiental,
la guerra de Vietnam. Además de otros, con innegable trascendencia y
condicionantes políticos y sociales, del siglo que nos ha correspondido
vivir,57,58 como: las revoluciones: rusa, china y cubana; la creación de las
Naciones Unidas, la conquista del espacio y la llegada del hombre a la luna, el
Mayo francés y la nueva cultura juvenil, el nacimiento del Estado de Israel, el
Concilio Ecuménico Vaticano II, el fin de la Guerra Fría, la reunificación de
Alemania con la caída del Muro de Berlín, el desmembramiento geográfico de la
Unión Soviética, el renacer de nuevas democracias en países de Europa Oriental,
Asia y África, la revolución de las computadoras y la realidad virtual a través
de conexión de redes, así como la creación de la Unión Europea con una moneda
única y la defensa de los Derechos Humanos en el ámbito mundial.
El hombre es producto de
la historia84 y ella nos ha demostrado que siempre que éste se ha enfrentado a
los desafíos que han amenazado su existencia, a todos los ha vencido,85 al
desarrollar en su código genético, mecanismos hereditarios que le han
facilitado su adaptación a condiciones de minusvalía fisiológica o ambiental.52
Pero hoy deberá enfrentar nuevos desafíos jamás sospechados y sin ningún
precedente en su pasado biológico.
Por otro lado, pareciese
que la humanidad crease orden a partir de las contradicciones, porque el hombre
de hoy, conquistador del macrocosmos sideral y del microcosmos celular vive un
período histórico de decadencia ética y moral. A los desastres ecológicos y
demográficos se añaden la anomia y el caos social. Hay atrofia moral y crisis
de valores antes venerados. Para muchas personas, los conceptos de solidaridad,
familia, patria y dignidad han perdido en gran medida su trascendencia y
significado. Muchas veces sentimos cerca la acechanza de la barbarie y otras
tantas, la sentimos dentro de nosotros mismos. Pero, si la actual sociedad
permaneciese estática desaparecería en corto plazo sin lograr sobrevivir en un
mundo donde todo es tan cambiante y siempre lo será. Debemos de recordar que
las civilizaciones que nos han precedido, sólo pudieron triunfar cuando
exploraron lo desconocido y aceptaron los riesgos que implicaba sumergirse en
el porvenir.
Pandora, al destapar su
mitológica caja encontró la imaginación al lado de la esperanza, y ella, al
permitirnos soñar, nos proyecta el espejismo de un mundo mejor haciendo
constantemente surgir en nosotros la eterna insatisfacción. Por tanto, la
esperanza continúa, el pesimismo no puede durar mucho porque no compagina con
la naturaleza del hombre. El poderío y la perplejidad que hoy nos embargan son
dos visiones opuestas e inseparables que acompañan perennemente a la realidad
humana,86 sólo que ahora la percibimos con gigantescas dimensiones debido al
progreso alcanzado, progreso que no puede detenerse porque la mente humana es
insaciable y busca en el dominio de su mundo, su gran reto.
La inteligencia humana ha
vencido fronteras que hasta hace poco se consideraban insuperables y espera
conquistar, con confianza plena en el progreso científico, los misterios de la
naturaleza. Nadie duda de los beneficios incalculables que todo ello ha
supuesto para la humanidad y existen motivos sobrados de esperanza, frente al
amplio horizonte que se vislumbra por delante. La Biología y la Medicina se han
situado en el primer plano de las preocupaciones humanas más profundas y si el
hombre, logra entrelazar sabiduría con tolerancia, podrá entonces orientar los
beneficios que la ciencia y la tecnología, le proporcionan, a fin de enfrentar
los múltiples desafíos bioéticos que se les presenten en el futuro cercano y
que en este momento crucial de su historia, la sola posibilidad que se
presenten, lo angustian y lo amenazan.
El hombre actual – al
igual que el gigante Anteo de la leyenda griega, que perdía su fuerza al dejar
de estar en contacto con la tierra, – ha comenzado a tomar en cuenta su
fragilidad en un planeta enfermo y frágil y a medida que nos adentramos en un
nuevo milenio, comienza a renacer en todo el mundo, un anhelo nuevo y
renovador: la interdependencia de los pueblos, en ampliar sus horizontes de
cooperación social, por encima de sus diferencias políticas y la sensación cada
vez más reverente y reflexiva del hombre, por mantener a la Tierra como su
ambiente natural y como herencia digna a nuestras generaciones futuras. Por
ello, cada día se hace más intenso y necesario nuestro deseo de sobrevivir y el
compromiso moral con nuestros hijos, de sobrevivir.
Estamos alojados en un
pequeño planeta que navega como frágil nave en el inconmensurable universo,
cuyas maravillas apenas comienza a revelar el hombre y debemos preservar en
nuestro mundo, la vida en todas sus formas, si queremos afrontar los desafíos
bioéticos, complejos y urgentes, que se avizoran en este tercer milenio de
nuestra historia, que apenas ha comenzado y que requiere la más extensa y
extraordinaria reestructuración política y social de todos los tiempos; para
continuar defendiendo por encima de todo, la libertad del individuo, la
independencia del espíritu y la dignidad del hombre, valores morales
fundamentales, que deben preservarse para siempre.
Así la grandeza y la
tragedia del hombre, inherentes a su esencia de ser, continuarán perennemente
en él, a través de los siglos por venir, como el alfa y omega de su existencia,
esplendor y ocaso de su civilización.
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