viernes, 25 de junio de 2021

PRECURSOR DE LA INTERCULTURALIDAD EN EL PERÚ

Fredy Morales Gutiérrez

José María Arguedas fue un escritor, etnólogo, antropólogo y profesor peruano cuyo prolífico trabajo presenta el problema de la confrontación cultural, educativa y económica entre los indígenas y los terratenientes en el siglo XX. Con ese fin, en sus obras ha visibilizado la interculturalidad conflictiva, que mediante su fuerza literaria evidenció el sufrimiento indígena. Ante esta realidad conflictiva, también planteó alternativas en el campo de la educación peruana, que permitan superar las peripecias de los indígenas. El indigenista peruano no solo resaltó la confrontación, sino pretendió demostrar la realidad de los indígenas, quienes no tenían valoración étnica ni lingüística. Así, Arguedas, fue el medio de diálogo entre los indígenas y sus explotadores, en el marco de la interculturalidad como proyecto.

I.          SU APORTE CONSTITUYE LA BASE DE LA IDENTIDAD CULTURAL Y LA FORMACIÓN DE LA NACIONALIDAD PERUANA.

Para Roland Forgues la antropología y creación se nutren mutuamente en la obra de José María Arguedas. La antropología le permite a Arguedas captar la realidad nacional y volcarla en su obra literaria. Y la obra literaria le sirve para ejemplificar, cuestionar y discutir la teoría antropológica.

De esta manera Arguedas visibilizó de manera integral la complejidad de las culturas y sociedades existentes en el Perú del S.XX. Asimismo, vinculó el mundo andino y el mundo occidental en el marco de constantes cambios y permanencias sociales y económicas de un país semifeudal y agrario con los intentos de modernización capitalista.

Ese proceso de imposición, rechazo y asimilación ha permitido al país consolidar su propia identidad cultural en un contexto de brechas de desigualdad y discriminación social.

Por otro lado, la obra de José María Arguedas visibiliza a los movimientos y sociedades andinas, pero no se centra solo en ellos, ni lo hace maniqueamente, a pesar de algunas interpretaciones indigenistas. En palabras de la socióloga Carmen María Pinilla, “Él dice que para expresar al indio él tiene que expresar con la misma agudeza a los personajes que hacen del indio lo que es. Es decir, él trabaja con el mismo ímpetu al gamonal, al patrón, a los jueces, a los curas, al gendarme, etc, y los presenta a todos –incluyendo al indio– con sus virtudes y sus defectos”.

En esta misma perspectiva para José Matos Mar, Arguedas logra plasmar a través de su arte narrativo su tremenda sensibilidad y lirismo, su capacidad infinita de mostrar un universo andino, complejo y contradictorio.

Frente a ello, la obra de José Carlos Mariátegui ilustra las diferencias, pero también plantea que la unidad entre las diferentes culturas es lo que permitirá que el futuro el Perú finalmente sea una nación que camine con un rumbo definido.

“Solo asumiéndonos todos como iguales y parte importante de un proyecto nacional, superaremos nuestras diferencias y permitiremos mayor igualdad, justicia y una posibilidad de ser una nación que pueda enfrentar los embates y retos del futuro. Desconociendo a los otros, a las culturas no occidentales solo seremos una nación parcial, incompleta y débil”, manifestó el docente Fernando Alvarado.

Además del aspecto sociológico, Arguedas también se preocupó por la cultura indígena en varias facetas. Música, lenguaje y arte fueron abordados de alguna manera por el “amauta”. “Tal es así, que cuando llega a Sicuani (en el departamento de Cusco), inicia un proyecto pedagógico para enseñar el idioma castellano utilizando el quechua”, comentó Carmen María Pinilla.

Esta metodología reforzaba el amor a la localidad, y los educandos se sentían orgullosos de su comunidad. Así empleaban mitos e historias de su cultura para aprender. “Así sienten que la cultura que ellos han recibido es muy valiosa. Encima tenían un profesor que les inculcaba el interés por la poesía en su idioma”, aseveró Pinilla.

 

II.          EL RECUERDO DEL CENTENARIO Y EL CAMINO DE LA INTERCULTURALIDAD

La emoción del festejo del centenario del nacimiento del escritor José María Arguedas (1911) ha sido estrechamente relacionada con aspectos de su vida que han trazado líneas de acción en el mundo intercultural del Perú. En un contexto –mediados del siglo XX– donde las discusiones académicas y culturales sobre interculturalidad no eran consideradas en el Perú, Arguedas tuvo la capacidad de promover una convivencia entre los hombres que no tenían acceso a la vida nacional. Por eso, la vida de Arguedas fue controversial para el mundo académico de su época, y continúa provocando ideas disímiles respecto de su trabajo. Así mismo, para el mundo intelectual es indiscutible y provocador que sigamos escribiendo sobre Arguedas.

Los aportes de Arguedas para objetivar la interculturalidad en el Perú, a pesar de sus conflictos personales, han sido muy valiosos. Sobre esa base opina Losada cuando destaca que Arguedas tuvo la intención de mostrar, a través de la escritura, todas las jerarquías existentes en el Perú, con todo lo que tiene de promesa y todo lo que tiene de lastre: “Es más, quería reflejar a su pueblo, combatiendo, enrolado en dos tendencias opuestas” (Losada, 1976, p. 39). Esas tendencias son las que, desde la invasión, se han confrontado en el Perú: entre indígenas y los no indígenas. Así mismo, en una compilación testimonial de Arguedas (Morote, 1989), se observa las intenciones sublimes del autor de “Yawar Fiesta”. Esas ideas de mostrar la realidad de aquel entonces, hasta cierto punto deprimente, se manifiesta cuando narra su experiencia en el colegio San Luis Gonzaga de Ica:

El secretario del colegio era un señor de apellido ilustre, el señor Bolívar, que tenía una presencia muy despótica, porque entonces el Perú estaba muy dividido. Los serranos éramos considerados por los costeños como gente un poco bárbara y lo éramos en el buen sentido, no en el sentido que ellos pensaban (…) (p. 22).

A pesar de esa experiencia, ante los ojos humanos tenía que vivir como indígena para recién ser considerado como representante pleno del indigenismo. Por eso, su vida apasionada con los indígenas le permitió compartir el espíritu solidario, el amor a la tierra, a las tradiciones, la cultura en general para identificarse auténticamente con las raíces andinas, como cuando expresa: “Aquí, en estas zonas, yo pude sentir las dos fuerzas” (ob. cit., p. 19). Esas fuerzas a las que se refiere, con intensidad, son el indígena y el “blanco”. Dentro de esa vida andina que fue recorriendo paulatinamente, en lugar de haber sido el sostén de una vida mucho más apacible, Arguedas la fue convirtiendo en un mundo solitario de observación, reflexión y análisis con la finalidad de ir buscando alguna alternativa que permita visibilizar el problema del hombre andino. Entonces, fuera de ese ambiente, era imposible vivir objetivamente; es decir, desde el mundo externo del indígena, era –tal vez– imposible expresar la vida auténtica indígena.

La interculturalidad de Arguedas es plenamente entendida hoy, ya que fue planteada desde dos puntos de vista claramente definidos. Es decir, primero Arguedas nos mostró la interculturalidad como realidad de hecho, que posteriormente fue sistematizada con ese nombre, tal como lo hace Ansión (2007):

A primera vista, la interculturalidad es la relación entre culturas, pero decirlo de ese modo constituye en realidad un atajo, un abuso del lenguaje. Mejor sería decir que la interculturalidad es la relación entre gente que comparte culturas diferentes. De ese modo, evitamos el riesgo de la esencialización de la cultura. El encuentro entre culturas no se asemeja al encuentro entre entes corpóreos en el sentido que podrían dar a entender las ambiguas nociones de mestizaje cultural o de hibridación cultural (p. 40).

III.         EL GRAN CONFLICTO DE LA ESCRITURA Y LA EDUCACIÓN

La actual orientación de los discursos interculturales se circunscribe en lo ya mostrado por Arguedas: el gran conflicto en la convivencia entre los peruanos, básicamente. En una sociedad donde la desigualdad era cotidiana –actualmente continúa– era un imperativo que un intelectual muy sensible como Arguedas haya sido capaz de visibilizar el contacto conflictivo entre dos culturas (española y quechua), tal como destaca Escobar cuando se refiere al problema de escribir enfrentando el bilingüismo. En ese sentido resalta la situación comunicativa de expresarse en castellano, y las dificultades que también afrontaba de escoger el quechua como vehículo de comunicación. Aquella vez, Arguedas mencionaba que los escritores de la costa dominaban el castellano como lengua propia y la empleaban para expresar con ella lo más íntimo y lo más secreto de sus anhelos expresivos. En cambio, el bilingüe andino no tenía la misma capacidad para dominar el español como lengua materna. Por tanto, este juicio mostraba la barrera, por ejemplo, entre escritores bilingües y los costeños. Además, esta visión evidencia los conflictos personales e interculturales del autor de “Todas las sangres”. De esta manera, puso en evidencia el problema para su discusión real a nivel educativo social, cultural, económico, político, etc.; luego destacó los conflictos interculturales en el Perú. (Escobar, 1989). Sobre este aspecto, Ansión (2007) destaca:

A lo largo de su historia, los grupos humanos producen y reproducen su cultura. Pero ningún grupo está solo en el mundo. En la historia, se han ido produciendo constantemente encuentros e influencias mutuas entre grupos con historias y culturas diferentes. Estos encuentros generalmente no son fáciles: la historia humana está llena de sonidos de batallas, de risas de vencedores y gritos trágicos de vencidos. Los encuentros suelen ser también desencuentros. Esta constatación es primera. Por eso, no debe confundirse a la interculturalidad con un encuentro no conflictivo, ni obviar el hecho de que el conflicto muchas veces ha sido violento y ha producido situaciones injustas de opresión y explotación (p. 41).

En el campo educativo, la realidad fue dramática para el sector de los indígenas peruanos, quienes no tenían el espacio de aprendizaje de la lectura y la escritura en su propia lengua, sino que eran víctimas de la imposición cultural, que era una de las manifestaciones de la discriminación en una sociedad que no tenía una visión integradora. Esta situación, que profundizaremos en líneas posteriores, ha provocado la marginación y la frustración de la mayoría de peruanos de la región andina que, en lugar de motivarse hacia el mundo occidental, fueron inducidos al odio y al resentimiento cultural, que en el futuro mediato condujeron a la confrontación violenta. Además, la realidad multilingüe y pluricultural del Perú, actualmente, obligó a los gobiernos peruanos a plantear propuestas pedagógicas en el marco de la Educación Intercultural Bilingüe, basadas en la visión intercultural de JMA.

Indiscutiblemente, Arguedas fue el artífice de mostrar esa realidad tan conflictiva, que no necesariamente tenía que estar enmarcada en la búsqueda lúcida de una comprensión mutua de ambas partes –indígena y no indígena–, pero sí tenía la misión de sacar al indígena de la opresión en la que se encontraba. Tal vez, en su momento, fue incomprendido por aquella gente que aún estaba interesada en que los conflictos permanezcan ocultos de la visión general. Ese interés pudiera haber sido motivada por que se siga oprimiendo económica, social y culturalmente al indígena. Sin embargo, intelectuales como Gonzales (1991), aprecian los aportes de Arguedas, así como el de Alegría, los dos grandes indigenistas peruanos. De ellos dice, conmemorando el cincuentenario de “La serpiente de oro” y “Agua”:

Sirva el cincuentenario para tornar más equilibrada la valoración crítica de quienes coincidieron en la tarea de ir más allá del indigenismo al uso: teniendo como eje la cultura andina, testimoniaron el proceso de mestizaje del Perú, un proceso que ellos querían basado en la integración, la justicia y el respeto de las tradiciones autóctonas (p. 262).

Así mismo, se destaca la labor de Arguedas como forjador de peruanidad (expresión que se basa en Víctor Andrés Belaunde, Riva Agüero, y Porras Barrenechea). Igualmente refiere que desde la imagen del pequeño caserío andino hasta el complejo mural de “Todas las sangres”, Arguedas construyó la heterogeneidad nacional, que soñó armónico y sustentado en “Los ríos profundos” de lo autóctono. También es inapelable la acción de Arguedas en el proceso de la formación de la identidad y su capacidad de asimilación creadora, que Gonzales lo resalta como superación del mero regionalismo en beneficio de una significación nacional y mundial. Por tanto, Arguedas abarcó gran parte del trabajo intelectual para poner en relieve la lengua y la cultura quechuas (Gonzales, 1991). Así, Cornejo destaca que Arguedas utilizó el lenguaje para mostrarnos la realidad de conflicto: “Esto es así, sin duda, como por lo demás sucede en toda gran literatura, pero para Arguedas el lenguaje o es revelador de la realidad, de su sentido, o no es nada” (Cornejo, 1973, p. 23). Igualmente, Cornejo destaca la vida misma de Arguedas como un hombre caracterizado, identificado y vivido como indígena:

Arguedas fue, pues, un niño que quiso convertirse en mak´tillo; que lo fue en realidad, en más de un aspecto: su primera lengua fue el quechua, sus juegos y cantos fueron los de los indios, sus creencias básicas se formaron al igual que las del cualquier niño indio y se mantuvieron vigentes hasta el final. De aquí se desprende que la opción de Arguedas en favor del indio (que se manifiesta en el signo positivo que marca su infancia en cuanto fue entonces que compartió la vida de los indios) determine en la plasmación de su obra un claro compromiso con ese sector”. (p. 42)

IV.         MEDIOS DE EXPRESIÓN ARGUEDIANOS

Este trabajo basado en la lengua, la literatura, la música, las costumbres que debían basarse en una identidad no única, sino en múltiples: “(…) quiero insistir en que, si bien en todo momento hay, entre los componentes de la identidad de una persona, una determinada jerarquía, ésta no es inmutable, sino que cambia con el tiempo y modifica profundamente los comportamientos” (Maalouf, 1999, p. 24).

Actualmente, los discursos políticos están orientados a la inclusión social en muchos sectores sociales, y principalmente en la educación, tal como pretendió Arguedas en los años 50 del siglo XX, cuando los peruanos disfrutaban de un crecimiento económico, pero que ese crecimiento –pareciera que estamos hablando del presente– no beneficiaba a la gran mayoría. Entonces, existía una gran disconformidad entre aquellos que disfrutaban del auge económico y los otros que no tenían la oportunidad del beneficio, como manifiesta Losada (1976):

Este será el primer elemento que incorpore Arguedas a su obra: una burguesía urbana de abogados, ingenieros, parlamentarios, jueces y funcionarios que, por sobre la pugna tradicional de los partidos, ćonvive´ con el gobierno, ejerce de intermediaria y se beneficia de la creciente inversión de las grandes compañías extranjeras que serán las que realmente dispongan del país (p. 41).

Esos hechos históricos están estrechamente relacionados con el proceso de transformación social, económica y cultural del Perú, porque como consecuencia de este fenómeno de crecimiento, se fue originando otro problema: la migración del campo a la ciudad. Este hecho trajo los problemas de convivencia del campesino con el hombre citadino. Además, los problemas de desigualdad se fueron acentuando, y necesariamente tenía que salir alguien a evidenciar estos acontecimientos, porque eran tan reales que no se podían disimular ni invisibilizar. Por tanto, el papel protagónico de Arguedas –desde mi punto de vista– fue irreprochable, por ejemplo, en literatura, tal como afirma Lévano (1969), a pesar de las transformaciones sociales, políticas y económicas, el problema de la explotación continúa:

En el sentido de estos planteamientos ha marchado la historia de nuestro país, de la nacionalidad peruana. En ese sentido opera la creación literaria de Arguedas, por los medios mágicos de la palabra. En una época en que el feudalismo queda definitivamente cancelado, en que se instalan por todas partes las tiendas nuevas del capitalismo, no cabe duda que el proceso de fusión y lucha, de protesta y ternura, encontrará manifestaciones distintas a las reflejadas poéticamente por Arguedas. Los Arguedas de mañana hablarán de la tragedia y el heroísmo del pueblo ya no entre las altas cumbres y los abismos cósmicos, sino, en el socavón o el tajo abierto de los minerales, probablemente en la jungla de concreto y plexiglás, en el inmenso desierto de la alienación capitalista (p. 26).

Esa realidad de explotación se ha trasladado a las ciudades donde los trabajadores ya no son sólo campesinos ni indígenas, sino obreros, empleados, subempleados, trabajadores de los servis, que están siendo explotados inmisericordemente. Por eso, Lévano destaca que las voces de Arguedas seguirán repitiendo los problemas que pareciera que ya fueron superados. Por ello, estos hechos, nos obligan a hablar de una interculturalidad de hecho estrechamente ligado a los problemas de explotación, y, por ende, a los problemas de lucha de clases, que, si evitáramos de expresar esa realidad, estaríamos soslayando uno de los factores trascendentes y definitivos de una futura convivencia.

Por otro lado, estos hechos son tan objetivos que no se pueden dejar de hablar de la interacción problemática entre los peruanos, y que tampoco se pueden dejar de hablar de la realidad tan desigual que se vivió y se sigue viviendo. Es decir, las desigualdades sociales no se pueden disimular ni olvidar en el mundo actual, porque de lo contrario, los discursos de interculturalidad estarían disimulando y ocultando sospechosamente una realidad irreprochable. En este sentido: “La propuesta intercultural no puede ser, en ningún caso, un recurso para ocultar las gigantescas desigualdades económicas. Por el contrario, que se vayan reduciendo las escandalosas diferencias sociales constituye una condición para la expansión plena de una convivencia intercultural pacífica” (Ansión, 2007, p. 7).

En este contexto, la interculturalidad se mueve entre dos extremos: “(…) la retórica bien pensante y la lucha por una sociedad y una educación más justas y menos discriminatorias” (Besalú, 2002 p. 43). Esta orientación es la que guió la acción de Arguedas al plantear el problema de un contacto cultural bastante conflictivo en el que se imponía la cultura hispana sobre la indígena. Así, las intenciones de nuestro escritor siempre han sido buscar la práctica de una convivencia justa entre ambas culturas, donde no haya discriminación ni explotación al hombre perteneciente a la cultura invadida. Además, Besalú, relacionando la educación y el estudio de la sociedad con más amplitud, analiza con las mismas intenciones arguedianas, para no ocultar los problemas de confrontación social.

También los discursos interculturales no solo están orientados a los más pobres, sino deben ser practicados por todos los integrantes de la sociedad. En este contexto, nuestro escritor se enarboló como el portavoz de los indígenas. Claro que no tuvo ninguna autorización explícita de la masa indígena, porque en ese momento –ni ahora– se tuvo una organización indígena capaz de organizar algo significativo para plantear los problemas y colocar en la mesa de los diálogos académicos, culturales o indígenas. Por tanto, Arguedas fue capaz de encabezar esta causa, que no fue un aprovechamiento personal, como lo hacen los grandes académicos o los teóricos peruanos y extranjeros de la interculturalidad, sino lo de Arguedas fue una causa para situar el problema de la interculturalidad, de las desigualdades en la agenda nacional.

Así mismo, la interculturalidad como proyecto fue defendida por Arguedas con el entusiasmo de plantear la esperanza de la convivencia adecuada entre el hombre andino y el hombre occidental. Aunque tal vez en esa intención fue acusado de romántico y utópico, especialmente con la masa popular, y muy realista con la clase burguesa. En esa perspectiva, fue incomprendido por los intelectuales de su época. Así, Vargas Llosa (1996) lo tildó de muy idílico y utópico:

“(…) A partir de una experiencia profunda de la realidad india, y de sus inhibiciones, deseos y nostalgias, Arguedas construyó un mundo original. (…) A partir de esta visión suya de lo indio, Arguedas forjó una utopía arcaica, fundamento del dilema político que fue una herida constante en su vida y, quizá, la clave de lo mejor (y también de lo peor que escribió) (p. 30).

En esa actitud idílica o utópica, el mismo Arguedas se proclamaba y decía dirigiéndose a los jóvenes de la Universidad Federico Villarreal: “(…) Nunca más he perdido la fe en el ser humano, les quiero decir esto porque a través de todo lo que he escrito, no he hecho más que expresar estas impresiones de la infancia y de la adolescencia” (Morote, 1989. p. 22). Esa esperanza de seguir proclamando sus ideas de consideración al indígena, motivaron que se discuta sobre el problema del indígena, como lo hizo Mariátegui en su momento. Posteriormente, Arguedas siguió expresando que el indígena no debiera sentirse menos que el otro, porque al final de cuentas, estaban en una lucha por sobrevivir. En ese sentido, Arguedas intentaba encauzarles a la automotivación y el desarrollo personal y colectivo de la autoestima:

Yo me he decidido por el concepto de que el serrano es más bien superior porque es más fuerte, descendiente de los incas y entonces se encierra en sí mismo. Muchos serranos han fracasado, se han frustrado, porque se han metido dentro de este caparazón y no ha habido intercambio entre ellos y la gente de la costa. En la universidad me ocurrió lo mismo; los estudiantes de mi generación, que ahora son personajes importantes, vieron en mí a una persona que les traía algo que ellos no conocían y me miraron con mucho respeto, consideración y afecto” (ob. cit, p. 23).

V.         LA INTERCULTURALIDAD COMO PROYECTO

Esa orientación intercultural como proyecto siempre fue incentivándose en las expresiones literarias, intelectuales y antropológicas de Arguedas. Por eso, sin ningún aspaviento, criticaba a las potencias, así como mostraba sus esperanzas para que la gente indígena viva dentro de un contexto intercultural de hecho, pero en una interrelación objetiva, y no hipócrita e invisibilizada. Por eso, Arguedas al final de sus días expresaba (Bravo y otros, 1985):

Siento algún temor al mismo tiempo que una gran esperanza. Los poderes que dirigen a los países monstruos, especialmente a los Estados Unidos, que, a su vez, disponen del destino de los países pequeños y de toda la gente, serán transformados. Y quizá haya para el hombre en algún tiempo la felicidad. El dolor existirá para hacer posible que la felicidad sea reconocida, vivida y convertida en fuente de infinito y triunfal aliento. Perdón y adiós. Que Celia y Sybila me perdonen (p. 24).

Por su parte, el Premio Nobel de Literatura de 2010, Mario Vargas Llosa continuó con su crítica respecto de la postura arguediana, por el supuesto de quien tenga que hablar del mundo andino tendría que ser netamente indígena. Sin embargo, hasta la actualidad –en el mundo académico– aún no hay consensos para delimitar y conceptuar adecuadamente al indígena. Y sobre esa definición controversial, la vida de Arguedas era muy identificada con el mundo andino, que no necesitaba de vestirse, de vivir ni de ufanarse de ser indígena, porque sus ideas, acciones y sus aportes fueron trascendentes para el mundo indígena no sólo del Perú, sino de toda América. Lamentablemente, al verse superado en sus intenciones no le quedó otra que quitarse la vida.

En ese contexto, el legado de Arguedas queda perenne, porque sobre todo el trabajo literario, antropológico y educativo se sigue estudiando y trabajando. La influencia de esa línea intercultural hoy es considerada en el ámbito pedagógico. En un contexto lingüístico y cultural como el peruano se hace más evidente debido a que es imperiosa la necesidad de actuar en las aulas teniendo en cuenta la diversidad, mediante el conocimiento del contexto social en el que se realiza la educación, para diferenciar las costumbres y los valores de cada región, porque esta diversidad de creencias perfila el modo de ser de cada persona. Conocer esta realidad es un arma importante para el educador. De lo contrario, el fracaso intelectual de los niños andinos continuaría marcando la pauta de la educación peruana. Además, se continuaría incidiendo en la desigualdad social, cultural y económica de nuestros pueblos. Esa realidad fue cruda y humillante para nuestros pueblos andinos, que motivó la lucha continua de parte de Arguedas.

VI.         ARGUEDAS, PRECURSOR DE LA INTERCULTURALIDAD EN LA EDUCACIÓN

En la línea de los aportes arguedianos al estudio lingüístico relacionado a la educación, destacamos sus reflexiones en favor del niño andino y del futuro ciudadano andino del Perú.

Arguedas (1986) quería evitar más fracasos y humillaciones en la educación en perjuicio del hombre andino. Por eso decía que no se debe continuar con el Método de la Imposición que sólo servía para humillar a los indígenas:

Con el sistema actual el indio aprende a leer el castellano en una forma similar a la que me referí al decir que se puede aprender a leer el alemán sin llegar a conocer este idioma. El indio aprende el mecanismo formal, externo de la lectura, pero sicológicamente no lee el castellano, porque no es posible leer un idioma que no se conoce ni se habla (p. 40).

En oposición a este Método de Imposición, destacó los aportes de Mauricio Swadesh, notable lingüista y etnólogo norteamericano, quien planteó el Método Cultural, que podríamos decir, es el origen de los métodos de EBI o EIB, que se han aplicado en el Perú y en otros países andinos, así como en México. Este método consistía en lo que Arguedas (1986) resaltaba:

Nosotros creemos que se debe castellanizar al indio y se le debe dar enseñanza de acuerdo con el Método llamado Cultural. Ya dijimos que el primer paso para la aplicación de esta forma de enseñanza es la alfabetización científica de la lengua kechua. Convenido el alfabeto será necesario editar pequeños textos en kechua. Con estos materiales se iniciaría la enseñanza de la lectura (p. 41).

También resalta que mediante este método, el niño o el adulto indígena aprenderán a leer en su propia lengua, en contextos mucho más familiares a diferencia del Método Impositivo: “El Método de la Imposición es de fuerza, ciego, cruel y humillante; fue aplicado siempre bajo el supuesto de la superioridad de ciertas razas y culturas sobre otras”. (Arguedas, 1986, p. 44).

El mundo globalizado de hoy, requiere que sus habitantes estén plenamente convencidos de sus culturas, sin que esto signifique la sobrevaloración ni el aislamiento. Más bien tiene que asegurarse un pensamiento pleno de autenticidad para enfrentar una realidad absorbente que no diluya la historia de nuestros pueblos, sino los afiance con seguridad para incentivar un trabajo mucho más entusiasta. Dentro de las ideas de competitividad es imprescindible que haya seguridad colectiva respecto de su actuación frente a los demás. De lo contrario, seguiremos con una mentalidad dependiente y subyugada frente a los que se sienten más dominadores. En este sentido, Arguedas fue precursor de la autoestima cultural de nuestros pueblos. Por eso, siempre incentivó que haya respeto a la minoría cultural, porque esa minoría sólo fue tal en un contexto de desigualdad. Esa idea arguediana trascendió, por ejemplo, para que Alfaro (2008) exprese la diferencia del multiculturalismo frente a la interculturalidad. Por el primero se entiende el aspecto de resaltar que vivimos en una sociedad donde coexisten múltiples culturas. Por otro lado, la interculturalidad donde las culturas interactúan:

Paralelamente al multiculturalismo en América Latina se produjo el concepto de interculturalidad como un enfoque orientado a fomentar la integración de los pueblos indígenas a la educación pública a partir de sus propias tradiciones culturales. Actualmente, su uso se ha expandido a otros ámbitos, como el desarrollo, el derecho y la salud. En todos los casos, el ideal de la interculturalidad, a diferencia del multiculturalismo, se basa en una apuesta por integrar a las culturas y no reducirse a la promoción del respeto entre ellas: incentivar el diálogo no solo la tolerancia (p. 208).

VII.         LA REALIDAD HISTÓRICA DEL PERÚ

El Perú fue tan desigual –ahora también sigue siéndolo– que impedía a la gran mayoría de peruanos de oportunidades de desarrollo individual y colectivo. Históricamente, los gobernantes peruanos ignoraron a la gran masa de hombres de lengua y cultura diferente a la dominante española. Esto motivó a un gran resentimiento cultural, que lamentablemente originó la interculturalidad de hecho que hasta el momento seguimos viviendo.

La vida de Arguedas fue intercultural desde cualquier punto de vista. Esas acciones vitales fueron trascendentes para quienes lo hemos visto con mucha admiración. De esa manera, la interculturalidad se fue manifestando con la objetividad y la rigurosidad que se fue desarrollando. Sus prédicas interculturales no se quedaron solo en las teorías, sino se fueron forjando en la práctica. Así valoró la música, la vida, las tradiciones del mundo andino, pero sin desdeñar el aporte occidental ni los aportes científicos de otras ciencias. Es por eso que no buscó aislamientos ni incentivó un enfrentamiento cultural entre las dos culturas, sino motivó la práctica de respeto y colaboración entre las dos culturas. Además, en la práctica intercultural arguediana, jamás se evidenció aprovechamiento cultural, económico ni de ningún otro tipo. Por eso, su trayectoria es tan diáfana que transmite amor por lo nuestro y por nuestra cultura, a pesar de que en aquellos tiempos no había ninguna acción de política de Estado, que haya incentivado algún apoyo económico, como sí ahora existen instituciones: “El BID cuenta con una estrategia de desarrollo indígena y una política operativa que plantean apoyar el desarrollo con identidad de los pueblos indígenas” (Robles, citado por Zavala, 2007, p. 7). Así mismo, el gobierno peruano – encabezado por Ollanta Humala– tiene la intención expresa de continuar apoyando estas políticas desde hace un buen tiempo. Pero estas políticas de Estado, si no se integran con las personas adecuadas, es posible que caigan en el fracaso y la frustración de una buena parte del Perú. Es decir, se necesita trabajar con personas que se identifiquen y estén convencidas de los pasos a seguir en la educación peruana intercultural, para que se abran las puertas del mundo globalizado a los hombres del ande y a los hombres de la selva.

Finalmente, el intento de que la cultura andina prevalezca en el mundo actual, es tarea de quienes practican cotidianamente. Esto es, que haya acciones interculturales donde se valoren los aportes de las diferentes culturas en el ámbito universitario y citadino, para que las generaciones actuales y posteriores sepan valorar con mucho entusiasmo el pasado del Perú, y que esa valoración no sea oportunista, sino trascienda hacia el mundo globalizado. Además, la vida de Arguedas se perennice en la interculturalidad de hoy, para que, de esa manera en cada momento de la cotidianeidad peruana y mundial, se recuerde a Arguedas, aun cuando él se haya ido con la supuesta derrota de no haber hecho nada: “Creo que mi vida ha dejado por entero de tener razón de ser” (Bravo y otros, 1985, p. 28).

VIII.          CONCLUSIÓN

Arguedas fue un intelectual que luchó contra la desigualdad entre los peruanos. Así, permitió colocar en la agenda de la discusión nacional el problema de las diferencias sociales, culturales y económicas entre los peruanos. Y más entre aquella gente que habiendo sido dueña de las tierras del Perú, fueron despojadas inmisericordemente. Sin embargo, este hecho no significó ningún indicio de lucha confrontacional que haya conllevado a la liquidación de alguna de las partes, sino que motivó la reflexión entre los peruanos para buscar un diálogo de las partes comprometidas en la problemática. Aun cuando años después se haya encendido la llama del enfrentamiento bélico que desangró a los peruanos.

En el campo de la educación, Arguedas trazó el sendero pedagógico que hoy se continúa en el Perú. Es decir, una educación intercultural que rescate a los niños bilingües hacia la educación formal del país, iniciando de la enseñanza de la lectura y la escritura en su propia lengua. Antes de este planteamiento, en el Perú se había transgredido la educación de los ciudadanos quechua-hablantes, al someterlos al aprendizaje de la alfabetización en una lengua muy ajena a la suya. Así, por centurias se había provocado una larga tradición de frustración de los peruanos hablantes del quechua, quienes no accedían fácilmente a la educación pública del país.

Lamentablemente, cuando estas grandes intenciones no merecieron la consideración académica ni intelectual, Arguedas se sintió frustrado y fracasado. Este hecho le motivó a quitarse la vida para acabar con el eterno sufrimiento que le fue marcando el haber vivido en el Perú profundo, aquel Perú que muchos no conocen ni conocían. Sin embargo, su obra sigue trazando las líneas guiadoras para el surgimiento del pensamiento peruano basado en la tradición y la historia peruana.

 

IX.         REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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