PRECURSOR DE LA INTERCULTURALIDAD EN EL PERÚ
Fredy
Morales Gutiérrez
I.
SU APORTE CONSTITUYE LA
BASE DE LA IDENTIDAD CULTURAL Y LA FORMACIÓN DE LA NACIONALIDAD PERUANA.
Para Roland
Forgues la antropología y creación se nutren mutuamente en la obra de José
María Arguedas. La antropología le permite a Arguedas captar la realidad
nacional y volcarla en su obra literaria. Y la obra literaria le sirve para
ejemplificar, cuestionar y discutir la teoría antropológica.
De esta manera
Arguedas visibilizó de manera integral la complejidad de las culturas y
sociedades existentes en el Perú del S.XX. Asimismo, vinculó el mundo andino y
el mundo occidental en el marco de constantes cambios y permanencias sociales y
económicas de un país semifeudal y agrario con los intentos de modernización
capitalista.
Ese proceso de
imposición, rechazo y asimilación ha permitido al país consolidar su propia
identidad cultural en un contexto de brechas de desigualdad y discriminación
social.
Por otro lado, la
obra de José María Arguedas visibiliza a los movimientos y sociedades andinas,
pero no se centra solo en ellos, ni lo hace maniqueamente, a pesar de algunas
interpretaciones indigenistas. En palabras de la socióloga Carmen María Pinilla,
“Él dice que para expresar al indio él tiene que expresar con la misma agudeza
a los personajes que hacen del indio lo que es. Es decir, él trabaja con el
mismo ímpetu al gamonal, al patrón, a los jueces, a los curas, al gendarme,
etc, y los presenta a todos –incluyendo al indio– con sus virtudes y sus
defectos”.
En esta misma
perspectiva para José Matos Mar, Arguedas logra plasmar a través de su arte
narrativo su tremenda sensibilidad y lirismo, su capacidad infinita de mostrar
un universo andino, complejo y contradictorio.
Frente a ello, la
obra de José Carlos Mariátegui ilustra las diferencias, pero también plantea
que la unidad entre las diferentes culturas es lo que permitirá que el futuro
el Perú finalmente sea una nación que camine con un rumbo definido.
“Solo asumiéndonos
todos como iguales y parte importante de un proyecto nacional, superaremos
nuestras diferencias y permitiremos mayor igualdad, justicia y una posibilidad
de ser una nación que pueda enfrentar los embates y retos del futuro. Desconociendo
a los otros, a las culturas no occidentales solo seremos una nación parcial,
incompleta y débil”, manifestó el docente Fernando Alvarado.
Además del aspecto
sociológico, Arguedas también se preocupó por la cultura indígena en varias
facetas. Música, lenguaje y arte fueron abordados de alguna manera por el
“amauta”. “Tal es así, que cuando llega a Sicuani (en el departamento de
Cusco), inicia un proyecto pedagógico para enseñar el idioma castellano
utilizando el quechua”, comentó Carmen María Pinilla.
Esta metodología
reforzaba el amor a la localidad, y los educandos se sentían orgullosos de su
comunidad. Así empleaban mitos e historias de su cultura para aprender. “Así
sienten que la cultura que ellos han recibido es muy valiosa. Encima tenían un
profesor que les inculcaba el interés por la poesía en su idioma”, aseveró
Pinilla.
II.
EL RECUERDO DEL CENTENARIO
Y EL CAMINO DE LA INTERCULTURALIDAD
La emoción del
festejo del centenario del nacimiento del escritor José María Arguedas (1911)
ha sido estrechamente relacionada con aspectos de su vida que han trazado
líneas de acción en el mundo intercultural del Perú. En un contexto –mediados
del siglo XX– donde las discusiones académicas y culturales sobre
interculturalidad no eran consideradas en el Perú, Arguedas tuvo la capacidad
de promover una convivencia entre los hombres que no tenían acceso a la vida
nacional. Por eso, la vida de Arguedas fue controversial para el mundo
académico de su época, y continúa provocando ideas disímiles respecto de su
trabajo. Así mismo, para el mundo intelectual es indiscutible y provocador que
sigamos escribiendo sobre Arguedas.
Los aportes de
Arguedas para objetivar la interculturalidad en el Perú, a pesar de sus
conflictos personales, han sido muy valiosos. Sobre esa base opina Losada
cuando destaca que Arguedas tuvo la intención de mostrar, a través de la
escritura, todas las jerarquías existentes en el Perú, con todo lo que tiene de
promesa y todo lo que tiene de lastre: “Es más, quería reflejar a su pueblo,
combatiendo, enrolado en dos tendencias opuestas” (Losada, 1976, p. 39). Esas
tendencias son las que, desde la invasión, se han confrontado en el Perú: entre
indígenas y los no indígenas. Así mismo, en una compilación testimonial de
Arguedas (Morote, 1989), se observa las intenciones sublimes del autor
de “Yawar Fiesta”. Esas ideas de mostrar la realidad de aquel entonces, hasta
cierto punto deprimente, se manifiesta cuando narra su experiencia en el
colegio San Luis Gonzaga de Ica:
El secretario del
colegio era un señor de apellido ilustre, el señor Bolívar, que tenía una
presencia muy despótica, porque entonces el Perú estaba muy dividido. Los
serranos éramos considerados por los costeños como gente un poco bárbara y lo
éramos en el buen sentido, no en el sentido que ellos pensaban (…) (p. 22).
A pesar de esa
experiencia, ante los ojos humanos tenía que vivir como indígena para recién
ser considerado como representante pleno del indigenismo. Por eso, su vida
apasionada con los indígenas le permitió compartir el espíritu solidario, el
amor a la tierra, a las tradiciones, la cultura en general para identificarse
auténticamente con las raíces andinas, como cuando expresa: “Aquí, en estas
zonas, yo pude sentir las dos fuerzas” (ob. cit., p. 19). Esas fuerzas a
las que se refiere, con intensidad, son el indígena y el “blanco”. Dentro de
esa vida andina que fue recorriendo paulatinamente, en lugar de haber sido el
sostén de una vida mucho más apacible, Arguedas la fue convirtiendo en un mundo
solitario de observación, reflexión y análisis con la finalidad de ir buscando
alguna alternativa que permita visibilizar el problema del hombre andino.
Entonces, fuera de ese ambiente, era imposible vivir objetivamente; es decir,
desde el mundo externo del indígena, era –tal vez– imposible expresar la vida
auténtica indígena.
La
interculturalidad de Arguedas es plenamente entendida hoy, ya que fue planteada
desde dos puntos de vista claramente definidos. Es decir, primero Arguedas nos
mostró la interculturalidad como realidad de hecho, que posteriormente fue
sistematizada con ese nombre, tal como lo hace Ansión (2007):
A primera vista,
la interculturalidad es la relación entre culturas, pero decirlo de ese modo
constituye en realidad un atajo, un abuso del lenguaje. Mejor sería decir que
la interculturalidad es la relación entre gente que comparte culturas
diferentes. De ese modo, evitamos el riesgo de la esencialización de la
cultura. El encuentro entre culturas no se asemeja al encuentro entre entes
corpóreos en el sentido que podrían dar a entender las ambiguas nociones de
mestizaje cultural o de hibridación cultural (p. 40).
III.
EL GRAN CONFLICTO DE LA
ESCRITURA Y LA EDUCACIÓN
La actual
orientación de los discursos interculturales se circunscribe en lo ya mostrado
por Arguedas: el gran conflicto en la convivencia entre los peruanos,
básicamente. En una sociedad donde la desigualdad era cotidiana –actualmente
continúa– era un imperativo que un intelectual muy sensible como Arguedas haya
sido capaz de visibilizar el contacto conflictivo entre dos culturas (española
y quechua), tal como destaca Escobar cuando se refiere al problema de escribir
enfrentando el bilingüismo. En ese sentido resalta la situación comunicativa de
expresarse en castellano, y las dificultades que también afrontaba de escoger
el quechua como vehículo de comunicación. Aquella vez, Arguedas mencionaba que
los escritores de la costa dominaban el castellano como lengua propia y la
empleaban para expresar con ella lo más íntimo y lo más secreto de sus anhelos
expresivos. En cambio, el bilingüe andino no tenía la misma capacidad para
dominar el español como lengua materna. Por tanto, este juicio mostraba la
barrera, por ejemplo, entre escritores bilingües y los costeños. Además, esta
visión evidencia los conflictos personales e interculturales del autor de
“Todas las sangres”. De esta manera, puso en evidencia el problema para su
discusión real a nivel educativo social, cultural, económico, político, etc.;
luego destacó los conflictos interculturales en el Perú. (Escobar, 1989).
Sobre este aspecto, Ansión (2007) destaca:
A lo largo de su
historia, los grupos humanos producen y reproducen su cultura. Pero ningún
grupo está solo en el mundo. En la historia, se han ido produciendo
constantemente encuentros e influencias mutuas entre grupos con historias y
culturas diferentes. Estos encuentros generalmente no son fáciles: la historia
humana está llena de sonidos de batallas, de risas de vencedores y gritos
trágicos de vencidos. Los encuentros suelen ser también desencuentros. Esta
constatación es primera. Por eso, no debe confundirse a la interculturalidad
con un encuentro no conflictivo, ni obviar el hecho de que el conflicto muchas
veces ha sido violento y ha producido situaciones injustas de opresión y
explotación (p. 41).
En el campo educativo,
la realidad fue dramática para el sector de los indígenas peruanos, quienes no
tenían el espacio de aprendizaje de la lectura y la escritura en su propia
lengua, sino que eran víctimas de la imposición cultural, que era una de las
manifestaciones de la discriminación en una sociedad que no tenía una visión
integradora. Esta situación, que profundizaremos en líneas posteriores, ha
provocado la marginación y la frustración de la mayoría de peruanos de la
región andina que, en lugar de motivarse hacia el mundo occidental, fueron
inducidos al odio y al resentimiento cultural, que en el futuro mediato
condujeron a la confrontación violenta. Además, la realidad multilingüe y
pluricultural del Perú, actualmente, obligó a los gobiernos peruanos a plantear
propuestas pedagógicas en el marco de la Educación Intercultural Bilingüe,
basadas en la visión intercultural de JMA.
Indiscutiblemente,
Arguedas fue el artífice de mostrar esa realidad tan conflictiva, que no
necesariamente tenía que estar enmarcada en la búsqueda lúcida de una
comprensión mutua de ambas partes –indígena y no indígena–, pero sí tenía la
misión de sacar al indígena de la opresión en la que se encontraba. Tal vez, en
su momento, fue incomprendido por aquella gente que aún estaba interesada en
que los conflictos permanezcan ocultos de la visión general. Ese interés
pudiera haber sido motivada por que se siga oprimiendo económica, social y
culturalmente al indígena. Sin embargo, intelectuales como Gonzales (1991),
aprecian los aportes de Arguedas, así como el de Alegría, los dos grandes
indigenistas peruanos. De ellos dice, conmemorando el cincuentenario de “La
serpiente de oro” y “Agua”:
Sirva el
cincuentenario para tornar más equilibrada la valoración crítica de quienes
coincidieron en la tarea de ir más allá del indigenismo al uso: teniendo como
eje la cultura andina, testimoniaron el proceso de mestizaje del Perú, un
proceso que ellos querían basado en la integración, la justicia y el respeto de
las tradiciones autóctonas (p. 262).
Así mismo, se
destaca la labor de Arguedas como forjador de peruanidad (expresión que se basa
en Víctor Andrés Belaunde, Riva Agüero, y Porras Barrenechea). Igualmente
refiere que desde la imagen del pequeño caserío andino hasta el complejo mural
de “Todas las sangres”, Arguedas construyó la heterogeneidad nacional, que soñó
armónico y sustentado en “Los ríos profundos” de lo autóctono. También es
inapelable la acción de Arguedas en el proceso de la formación de la identidad
y su capacidad de asimilación creadora, que Gonzales lo resalta como superación
del mero regionalismo en beneficio de una significación nacional y mundial. Por
tanto, Arguedas abarcó gran parte del trabajo intelectual para poner en relieve
la lengua y la cultura quechuas (Gonzales, 1991). Así, Cornejo destaca
que Arguedas utilizó el lenguaje para mostrarnos la realidad de conflicto:
“Esto es así, sin duda, como por lo demás sucede en toda gran literatura, pero
para Arguedas el lenguaje o es revelador de la realidad, de su sentido, o no es
nada” (Cornejo, 1973, p. 23). Igualmente, Cornejo destaca la vida misma
de Arguedas como un hombre caracterizado, identificado y vivido como indígena:
Arguedas fue,
pues, un niño que quiso convertirse en mak´tillo; que lo fue en realidad, en
más de un aspecto: su primera lengua fue el quechua, sus juegos y cantos fueron
los de los indios, sus creencias básicas se formaron al igual que las del
cualquier niño indio y se mantuvieron vigentes hasta el final. De aquí se
desprende que la opción de Arguedas en favor del indio (que se manifiesta en el
signo positivo que marca su infancia en cuanto fue entonces que compartió la
vida de los indios) determine en la plasmación de su obra un claro compromiso
con ese sector”. (p. 42)
IV.
MEDIOS DE EXPRESIÓN
ARGUEDIANOS
Este trabajo
basado en la lengua, la literatura, la música, las costumbres que debían
basarse en una identidad no única, sino en múltiples: “(…) quiero insistir en
que, si bien en todo momento hay, entre los componentes de la identidad de una
persona, una determinada jerarquía, ésta no es inmutable, sino que cambia con
el tiempo y modifica profundamente los comportamientos” (Maalouf, 1999, p.
24).
Actualmente, los
discursos políticos están orientados a la inclusión social en muchos sectores
sociales, y principalmente en la educación, tal como pretendió Arguedas en los
años 50 del siglo XX, cuando los peruanos disfrutaban de un crecimiento
económico, pero que ese crecimiento –pareciera que estamos hablando del
presente– no beneficiaba a la gran mayoría. Entonces, existía una gran
disconformidad entre aquellos que disfrutaban del auge económico y los otros
que no tenían la oportunidad del beneficio, como manifiesta Losada (1976):
Este será el
primer elemento que incorpore Arguedas a su obra: una burguesía urbana de
abogados, ingenieros, parlamentarios, jueces y funcionarios que, por sobre la
pugna tradicional de los partidos, ćonvive´ con el gobierno, ejerce de
intermediaria y se beneficia de la creciente inversión de las grandes compañías
extranjeras que serán las que realmente dispongan del país (p. 41).
Esos hechos
históricos están estrechamente relacionados con el proceso de transformación
social, económica y cultural del Perú, porque como consecuencia de este
fenómeno de crecimiento, se fue originando otro problema: la migración del
campo a la ciudad. Este hecho trajo los problemas de convivencia del campesino
con el hombre citadino. Además, los problemas de desigualdad se fueron
acentuando, y necesariamente tenía que salir alguien a evidenciar estos
acontecimientos, porque eran tan reales que no se podían disimular ni
invisibilizar. Por tanto, el papel protagónico de Arguedas –desde mi punto de
vista– fue irreprochable, por ejemplo, en literatura, tal como afirma Lévano
(1969), a pesar de las transformaciones sociales, políticas y económicas,
el problema de la explotación continúa:
En el sentido de
estos planteamientos ha marchado la historia de nuestro país, de la
nacionalidad peruana. En ese sentido opera la creación literaria de Arguedas,
por los medios mágicos de la palabra. En una época en que el feudalismo queda
definitivamente cancelado, en que se instalan por todas partes las tiendas
nuevas del capitalismo, no cabe duda que el proceso de fusión y lucha, de
protesta y ternura, encontrará manifestaciones distintas a las reflejadas
poéticamente por Arguedas. Los Arguedas de mañana hablarán de la tragedia y el
heroísmo del pueblo ya no entre las altas cumbres y los abismos cósmicos, sino,
en el socavón o el tajo abierto de los minerales, probablemente en la jungla de
concreto y plexiglás, en el inmenso desierto de la alienación capitalista
(p. 26).
Esa realidad de
explotación se ha trasladado a las ciudades donde los trabajadores ya no son
sólo campesinos ni indígenas, sino obreros, empleados, subempleados,
trabajadores de los servis, que están siendo explotados inmisericordemente. Por
eso, Lévano destaca que las voces de Arguedas seguirán repitiendo los problemas
que pareciera que ya fueron superados. Por ello, estos hechos, nos obligan a
hablar de una interculturalidad de hecho estrechamente ligado a los problemas
de explotación, y, por ende, a los problemas de lucha de clases, que, si evitáramos
de expresar esa realidad, estaríamos soslayando uno de los factores
trascendentes y definitivos de una futura convivencia.
Por otro lado,
estos hechos son tan objetivos que no se pueden dejar de hablar de la
interacción problemática entre los peruanos, y que tampoco se pueden dejar de
hablar de la realidad tan desigual que se vivió y se sigue viviendo. Es decir,
las desigualdades sociales no se pueden disimular ni olvidar en el mundo
actual, porque de lo contrario, los discursos de interculturalidad estarían
disimulando y ocultando sospechosamente una realidad irreprochable. En este
sentido: “La propuesta intercultural no puede ser, en ningún caso, un recurso
para ocultar las gigantescas desigualdades económicas. Por el contrario, que se
vayan reduciendo las escandalosas diferencias sociales constituye una condición
para la expansión plena de una convivencia intercultural pacífica” (Ansión,
2007, p. 7).
En este contexto,
la interculturalidad se mueve entre dos extremos: “(…) la retórica bien
pensante y la lucha por una sociedad y una educación más justas y menos
discriminatorias” (Besalú, 2002 p. 43). Esta orientación es la que guió
la acción de Arguedas al plantear el problema de un contacto cultural bastante
conflictivo en el que se imponía la cultura hispana sobre la indígena. Así, las
intenciones de nuestro escritor siempre han sido buscar la práctica de una
convivencia justa entre ambas culturas, donde no haya discriminación ni
explotación al hombre perteneciente a la cultura invadida. Además, Besalú,
relacionando la educación y el estudio de la sociedad con más amplitud, analiza
con las mismas intenciones arguedianas, para no ocultar los problemas de
confrontación social.
También los
discursos interculturales no solo están orientados a los más pobres, sino deben
ser practicados por todos los integrantes de la sociedad. En este contexto,
nuestro escritor se enarboló como el portavoz de los indígenas. Claro que no
tuvo ninguna autorización explícita de la masa indígena, porque en ese momento
–ni ahora– se tuvo una organización indígena capaz de organizar algo
significativo para plantear los problemas y colocar en la mesa de los diálogos
académicos, culturales o indígenas. Por tanto, Arguedas fue capaz de encabezar
esta causa, que no fue un aprovechamiento personal, como lo hacen los grandes
académicos o los teóricos peruanos y extranjeros de la interculturalidad, sino
lo de Arguedas fue una causa para situar el problema de la interculturalidad,
de las desigualdades en la agenda nacional.
Así mismo, la interculturalidad
como proyecto fue defendida por Arguedas con el entusiasmo de plantear la
esperanza de la convivencia adecuada entre el hombre andino y el hombre
occidental. Aunque tal vez en esa intención fue acusado de romántico y utópico,
especialmente con la masa popular, y muy realista con la clase burguesa. En esa
perspectiva, fue incomprendido por los intelectuales de su época. Así, Vargas
Llosa (1996) lo tildó de muy idílico y utópico:
“(…) A partir de
una experiencia profunda de la realidad india, y de sus inhibiciones, deseos y
nostalgias, Arguedas construyó un mundo original. (…) A partir de esta visión
suya de lo indio, Arguedas forjó una utopía arcaica, fundamento del dilema
político que fue una herida constante en su vida y, quizá, la clave de lo mejor
(y también de lo peor que escribió) (p. 30).
En esa actitud
idílica o utópica, el mismo Arguedas se proclamaba y decía dirigiéndose a los
jóvenes de la Universidad Federico Villarreal: “(…) Nunca más he perdido la fe
en el ser humano, les quiero decir esto porque a través de todo lo que he
escrito, no he hecho más que expresar estas impresiones de la infancia y de la
adolescencia” (Morote, 1989. p. 22). Esa esperanza de seguir proclamando
sus ideas de consideración al indígena, motivaron que se discuta sobre el
problema del indígena, como lo hizo Mariátegui en su momento. Posteriormente,
Arguedas siguió expresando que el indígena no debiera sentirse menos que el
otro, porque al final de cuentas, estaban en una lucha por sobrevivir. En ese
sentido, Arguedas intentaba encauzarles a la automotivación y el desarrollo
personal y colectivo de la autoestima:
Yo me he decidido
por el concepto de que el serrano es más bien superior porque es más fuerte,
descendiente de los incas y entonces se encierra en sí mismo. Muchos serranos
han fracasado, se han frustrado, porque se han metido dentro de este caparazón
y no ha habido intercambio entre ellos y la gente de la costa. En la
universidad me ocurrió lo mismo; los estudiantes de mi generación, que ahora
son personajes importantes, vieron en mí a una persona que les traía algo que
ellos no conocían y me miraron con mucho respeto, consideración y afecto” (ob.
cit, p. 23).
V.
LA INTERCULTURALIDAD COMO PROYECTO
Esa orientación
intercultural como proyecto siempre fue incentivándose en las expresiones
literarias, intelectuales y antropológicas de Arguedas. Por eso, sin ningún
aspaviento, criticaba a las potencias, así como mostraba sus esperanzas para
que la gente indígena viva dentro de un contexto intercultural de hecho, pero
en una interrelación objetiva, y no hipócrita e invisibilizada. Por eso,
Arguedas al final de sus días expresaba (Bravo y otros, 1985):
Siento algún temor
al mismo tiempo que una gran esperanza. Los poderes que dirigen a los países
monstruos, especialmente a los Estados Unidos, que, a su vez, disponen del
destino de los países pequeños y de toda la gente, serán transformados. Y quizá
haya para el hombre en algún tiempo la felicidad. El dolor existirá para hacer
posible que la felicidad sea reconocida, vivida y convertida en fuente de
infinito y triunfal aliento. Perdón y adiós. Que Celia y Sybila me perdonen
(p. 24).
Por su parte, el
Premio Nobel de Literatura de 2010, Mario Vargas Llosa continuó con su crítica
respecto de la postura arguediana, por el supuesto de quien tenga que hablar
del mundo andino tendría que ser netamente indígena. Sin embargo, hasta la
actualidad –en el mundo académico– aún no hay consensos para delimitar y
conceptuar adecuadamente al indígena. Y sobre esa definición controversial, la
vida de Arguedas era muy identificada con el mundo andino, que no necesitaba de
vestirse, de vivir ni de ufanarse de ser indígena, porque sus ideas, acciones y
sus aportes fueron trascendentes para el mundo indígena no sólo del Perú, sino
de toda América. Lamentablemente, al verse superado en sus intenciones no le
quedó otra que quitarse la vida.
En ese contexto,
el legado de Arguedas queda perenne, porque sobre todo el trabajo literario,
antropológico y educativo se sigue estudiando y trabajando. La influencia de
esa línea intercultural hoy es considerada en el ámbito pedagógico. En un
contexto lingüístico y cultural como el peruano se hace más evidente debido a
que es imperiosa la necesidad de actuar en las aulas teniendo en cuenta la
diversidad, mediante el conocimiento del contexto social en el que se realiza
la educación, para diferenciar las costumbres y los valores de cada región,
porque esta diversidad de creencias perfila el modo de ser de cada persona.
Conocer esta realidad es un arma importante para el educador. De lo contrario,
el fracaso intelectual de los niños andinos continuaría marcando la pauta de la
educación peruana. Además, se continuaría incidiendo en la desigualdad social,
cultural y económica de nuestros pueblos. Esa realidad fue cruda y humillante
para nuestros pueblos andinos, que motivó la lucha continua de parte de
Arguedas.
VI.
ARGUEDAS, PRECURSOR DE LA
INTERCULTURALIDAD EN LA EDUCACIÓN
En la línea de los
aportes arguedianos al estudio lingüístico relacionado a la educación, destacamos
sus reflexiones en favor del niño andino y del futuro ciudadano andino del
Perú.
Arguedas
(1986) quería evitar más fracasos y humillaciones en la
educación en perjuicio del hombre andino. Por eso decía que no se debe
continuar con el Método de la Imposición que sólo servía para humillar a los
indígenas:
Con el sistema
actual el indio aprende a leer el castellano en una forma similar a la que me
referí al decir que se puede aprender a leer el alemán sin llegar a conocer
este idioma. El indio aprende el mecanismo formal, externo de la lectura, pero
sicológicamente no lee el castellano, porque no es posible leer un idioma que
no se conoce ni se habla (p. 40).
En oposición a
este Método de Imposición, destacó los aportes de Mauricio Swadesh, notable
lingüista y etnólogo norteamericano, quien planteó el Método Cultural, que
podríamos decir, es el origen de los métodos de EBI o EIB, que se han
aplicado en el Perú y en otros países andinos, así como en México. Este método
consistía en lo que Arguedas (1986) resaltaba:
Nosotros creemos
que se debe castellanizar al indio y se le debe dar enseñanza de acuerdo con el
Método llamado Cultural. Ya dijimos que el primer paso para la aplicación de
esta forma de enseñanza es la alfabetización científica de la lengua kechua.
Convenido el alfabeto será necesario editar pequeños textos en kechua. Con
estos materiales se iniciaría la enseñanza de la lectura (p. 41).
También resalta
que mediante este método, el niño o el adulto indígena aprenderán a leer en su
propia lengua, en contextos mucho más familiares a diferencia del Método
Impositivo: “El Método de la Imposición es de fuerza, ciego, cruel y
humillante; fue aplicado siempre bajo el supuesto de la superioridad de ciertas
razas y culturas sobre otras”. (Arguedas, 1986, p. 44).
El mundo
globalizado de hoy, requiere que sus habitantes estén plenamente convencidos de
sus culturas, sin que esto signifique la sobrevaloración ni el aislamiento. Más
bien tiene que asegurarse un pensamiento pleno de autenticidad para enfrentar
una realidad absorbente que no diluya la historia de nuestros pueblos, sino los
afiance con seguridad para incentivar un trabajo mucho más entusiasta. Dentro
de las ideas de competitividad es imprescindible que haya seguridad colectiva
respecto de su actuación frente a los demás. De lo contrario, seguiremos con
una mentalidad dependiente y subyugada frente a los que se sienten más
dominadores. En este sentido, Arguedas fue precursor de la autoestima cultural
de nuestros pueblos. Por eso, siempre incentivó que haya respeto a la minoría
cultural, porque esa minoría sólo fue tal en un contexto de desigualdad. Esa
idea arguediana trascendió, por ejemplo, para que Alfaro (2008) exprese
la diferencia del multiculturalismo frente a la interculturalidad. Por el
primero se entiende el aspecto de resaltar que vivimos en una sociedad donde
coexisten múltiples culturas. Por otro lado, la interculturalidad donde las
culturas interactúan:
Paralelamente al
multiculturalismo en América Latina se produjo el concepto de interculturalidad
como un enfoque orientado a fomentar la integración de los pueblos indígenas a
la educación pública a partir de sus propias tradiciones culturales.
Actualmente, su uso se ha expandido a otros ámbitos, como el desarrollo, el
derecho y la salud. En todos los casos, el ideal de la interculturalidad, a
diferencia del multiculturalismo, se basa en una apuesta por integrar a las
culturas y no reducirse a la promoción del respeto entre ellas: incentivar el
diálogo no solo la tolerancia (p. 208).
VII.
LA REALIDAD HISTÓRICA DEL
PERÚ
El Perú fue tan
desigual –ahora también sigue siéndolo– que impedía a la gran mayoría de
peruanos de oportunidades de desarrollo individual y colectivo. Históricamente,
los gobernantes peruanos ignoraron a la gran masa de hombres de lengua y
cultura diferente a la dominante española. Esto motivó a un gran resentimiento
cultural, que lamentablemente originó la interculturalidad de hecho que hasta
el momento seguimos viviendo.
La vida de
Arguedas fue intercultural desde cualquier punto de vista. Esas acciones
vitales fueron trascendentes para quienes lo hemos visto con mucha admiración.
De esa manera, la interculturalidad se fue manifestando con la objetividad y la
rigurosidad que se fue desarrollando. Sus prédicas interculturales no se
quedaron solo en las teorías, sino se fueron forjando en la práctica. Así
valoró la música, la vida, las tradiciones del mundo andino, pero sin desdeñar
el aporte occidental ni los aportes científicos de otras ciencias. Es por eso
que no buscó aislamientos ni incentivó un enfrentamiento cultural entre las dos
culturas, sino motivó la práctica de respeto y colaboración entre las dos
culturas. Además, en la práctica intercultural arguediana, jamás se evidenció
aprovechamiento cultural, económico ni de ningún otro tipo. Por eso, su
trayectoria es tan diáfana que transmite amor por lo nuestro y por nuestra
cultura, a pesar de que en aquellos tiempos no había ninguna acción de política
de Estado, que haya incentivado algún apoyo económico, como sí ahora existen
instituciones: “El BID cuenta con una estrategia de desarrollo indígena y una
política operativa que plantean apoyar el desarrollo con identidad de los
pueblos indígenas” (Robles, citado por Zavala, 2007, p. 7). Así mismo,
el gobierno peruano – encabezado por Ollanta Humala– tiene la intención expresa
de continuar apoyando estas políticas desde hace un buen tiempo. Pero estas
políticas de Estado, si no se integran con las personas adecuadas, es posible
que caigan en el fracaso y la frustración de una buena parte del Perú. Es
decir, se necesita trabajar con personas que se identifiquen y estén
convencidas de los pasos a seguir en la educación peruana intercultural, para
que se abran las puertas del mundo globalizado a los hombres del ande y a los
hombres de la selva.
Finalmente, el
intento de que la cultura andina prevalezca en el mundo actual, es tarea de
quienes practican cotidianamente. Esto es, que haya acciones interculturales
donde se valoren los aportes de las diferentes culturas en el ámbito
universitario y citadino, para que las generaciones actuales y posteriores
sepan valorar con mucho entusiasmo el pasado del Perú, y que esa valoración no
sea oportunista, sino trascienda hacia el mundo globalizado. Además, la vida de
Arguedas se perennice en la interculturalidad de hoy, para que, de esa manera
en cada momento de la cotidianeidad peruana y mundial, se recuerde a Arguedas, aun
cuando él se haya ido con la supuesta derrota de no haber hecho nada: “Creo que
mi vida ha dejado por entero de tener razón de ser” (Bravo y otros, 1985, p.
28).
VIII.
CONCLUSIÓN
Arguedas fue un
intelectual que luchó contra la desigualdad entre los peruanos. Así, permitió
colocar en la agenda de la discusión nacional el problema de las diferencias
sociales, culturales y económicas entre los peruanos. Y más entre aquella gente
que habiendo sido dueña de las tierras del Perú, fueron despojadas
inmisericordemente. Sin embargo, este hecho no significó ningún indicio de
lucha confrontacional que haya conllevado a la liquidación de alguna de las
partes, sino que motivó la reflexión entre los peruanos para buscar un diálogo
de las partes comprometidas en la problemática. Aun cuando años después se haya
encendido la llama del enfrentamiento bélico que desangró a los peruanos.
En el campo de la
educación, Arguedas trazó el sendero pedagógico que hoy se continúa en el Perú.
Es decir, una educación intercultural que rescate a los niños bilingües hacia
la educación formal del país, iniciando de la enseñanza de la lectura y la
escritura en su propia lengua. Antes de este planteamiento, en el Perú se había
transgredido la educación de los ciudadanos quechua-hablantes, al someterlos al
aprendizaje de la alfabetización en una lengua muy ajena a la suya. Así, por
centurias se había provocado una larga tradición de frustración de los peruanos
hablantes del quechua, quienes no accedían fácilmente a la educación pública
del país.
Lamentablemente,
cuando estas grandes intenciones no merecieron la consideración académica ni
intelectual, Arguedas se sintió frustrado y fracasado. Este hecho le motivó a
quitarse la vida para acabar con el eterno sufrimiento que le fue marcando el
haber vivido en el Perú profundo, aquel Perú que muchos no conocen ni conocían.
Sin embargo, su obra sigue trazando las líneas guiadoras para el surgimiento
del pensamiento peruano basado en la tradición y la historia peruana.
IX.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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